Pánico escénico

Pánico escénico

Un día tuvimos un amor
pero mi pánico escénico lo echó todo a perder.

Hoy amanecí recordándote,
eres el fantasma de un jinete que a horcajadas
domina mi corazón trepidante.

Te aferras a mi horizonte
como un cinturón de arcoíris
a la tarde escampada,
con tus hilos de matices
enudando mi calvicie,
bordando mi cabeza
hasta llegar a mi cuello
donde me abrazas
como una bufanda,
rodeándome con tus guantes
de nimbo.

Tengo aún un banco de caricias
bajo la epidermis.
Una cantera de tus yemas muertas
que resbalan por mi piel
con lo duro de la roca de su ausencia.

Tu fantasma es cada vez más difuso.
Como la historia de la televisión en retroceso
ahora eres blanca y negra,
un espíritu con fallas técnicas
en imágenes que de repente se hacen polvo.

A veces te veo como una marca de agua
detenida en el pasillo,
como la de los 21 gramos que se desprenden de los cuerpos
en videos de YouTube de los cadáveres recientes.
Camino hacia ti con un vaso como para beberte,
para que seas la opacidad de una mujer que navega
cuerpo adentro entre mis costillas,
una Eva emancipada que sostenga mis órganos vitales
entre sus manos de tijera.
Pero al llegar te has ido,
te evaporas en el charco de tu silueta.

De la que si tengo clara imagen en mi mente es la de tus pechos.
Tus senos de lluvia son reflejos de mi espíritu dos veces.
Dos peceras donde se diluye
la brisa de mis desamparos,
mis barcos hundidos que partieron
de mi corazón y nunca regresaron.
Aun chocan contra mi vientre en el recuerdo de un abrazo
como dos globos perdidos amarrados a una mujer,
dos pelotas de helio que buscan las nubes
para llevar tus palpitaciones a los satélites.

No hay noche que no te recuerde.
Que no viaje en mi mente por las calles donde usamos los besos
con el recuerdo de tu cuerpo bajo el brazo.
Que no viaje por los caminos paralelos
a las arterias de tu fantasma.
¿Qué habita en el interior de un fantasma?
Quizás éter.
¿Y en el de un recuerdo?

Tus ojos ya no los veo, se pierden.
Tus ojos fueron dos pájaros
que revolotearon alrededor de mi cuerpo,
dos ceremonias que inauguraron
una parvada con la gaviota en llamas
de mi pecho.

Quisiera haber tenido diez ojos
para rodearte como el vuelo espiral
de drones escoptofilicos,
penetrarte con alguno
hasta contagiar tu cuerpo con el virus
de mi pánico escénico,
y ser así dos actores tras el telón
eternamente,
dos fantasmas que se evaporen
en un solo charco.

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Invierno

invierno
Salgo a peregrinar por las calles,
miro en el parque revolotear las palomas
cagar los mosaicos como una lluvia de leche,
miro los ojos perdidos de la gente
extraviados como basura espacial,
como estelas flotando en un vaso de cosmos

Llego a casa y cierro la puerta.
leo con un guiño el periódico;
miro la implosión brusca de la vida en las factorías,
miro el hormigón y sus poros de volcán que respiran,
el criadero de balas que cuelga de los árboles
en exitosas cosecha de invierno,
miro a los niños que cargan muñecos de gurús
repletos de clavos,
fuegos artificiales que estallan la cara,
perros encorvados por la condensa tristeza,
la tristeza de los ángeles dejando nubes en forma de ataúdes,
la tristeza de los pórticos con sus moños negros
y sus funerales en la agenda,
los divorcios que expiran en los escritorios de los jueces,
las incontables ambulancias que merodean como buitres inmaculados.

Hace un momento vi el asta bandera forrada
con piel y entrañas de militares.
El sol de invierno me conmueve
como un hilo de lágrimas,
la longitud de sus luces son fuego frio
que respira en nuestras nucas.

Vuelvo a salir, no todo es tristeza.
miro la vida manifestarse en cada metro cuadrado.
La vida es una moneda que gira por los aires.
Miro la mansalva de hierbajos que rodean los muros viejos,
las cucarachas que merodean los contenedores de basura
no hace falta hacer ningún esfuerzo, la vida nos rodea,
nos abraza con raíces que emergen como la espuma.

Estamos enfermos de vida aun en la enfermedad.
Un cáncer es un cumulo de células vivientes que han venido para matarnos.
Las abejas gastan su único aguijón en la propia muerte
estamos condenados a sumergirnos en la oscuridad aun estando vivos,
a cerrar un día los ojos y generar vida bajo la tierra o bajo el agua,
nuestro cuerpo es un arrecife que anda.

Estamos condenados a ser pasajeros.
Aun saltando con el tren en marcha deberemos cargar con nuestro cadáver.
Somos un pulgar incrustado en una sortija de pistones.

Soy la noche si cierro mis ojos

Soy la noche si cierro mis ojos.
Y me oculto tras mis parpados
para ser una membrana oscura que respira,
juego a ser el fondo del océano
donde la luz ya no penetra,
donde los peces parpadean tranquilos
lejos de las vitrinas del supermercado,
donde la soledad es una almohada de tezontle
para henchir la cabeza.

Aquí hay dos ausencias,
la mía y la tuya
una lista pequeña de dos infinidades,
dos sandalias de playa flotando
en el mar en su desencuentro.

Cierro los ojos para respirar profundamente,
me siento vulnerable como un niño suelto en la calle.
Un “sin ti” es una corona de espinas atada al cráneo.
Hoy un día nublado es una prisión fría
que me enchina la piel con su hálito de hielo,
el simple hecho de pensar en un barrote,
en un trozo de metal,
en un tabique asesino de puertas y ventanas,
de atajos y brechas
me envenena de a poco.

El simple hecho de mirar las claraboyas
y su estrecha mirada de luces,
de pisar el sótano de una estación de metro,
de sentir la oscuridad de un cine atestado de cabezas negras,
me hace estremecer de nervios.

La ausencia de ti, es la oscuridad más profunda,
una manada de perros negros con ganas de hincarme los colmillos.

Tu y yo somos lo falso.
Con nuestras caricias de cartón nos miramos de frente,
con los ojos puestos en las soledades,
somos dos playas vírgenes que los bañistas
no han dejado sino huellas y basura.
Inmaculados como el interior de un huevo.
Tantos amores mediocres no nos han desposado.
En el fondo deseamos morir desangrados en la bañera,
uno encima del otro
con cientos de besos de nadie atorados en nuestras gargantas.

141217

141217
Llevo dos noches sin poder conciliar el sueño. Dos noches en que mi cerebro es sencillamente un sinfín de telones que abren y cierran mostrando una idea tras otra como una mano interminable de cartas. Lo curioso es que nunca he batallado para dormir, sencillamente sin mucho esmero me tiro a la cama y cierro los ojos para mirar el abismo, me pierdo, logro mitigar las voces de mi cabeza ignorando también las de la calle, le apago la luz a las imágenes y a los actores que trabajan en mi mente, me desconcentro para imitar a los muertos; pienso que es el más grande logro de los emprendedores del sueño, desconectar la mente como lo haría un artista en una lluvia de ideas, abandonarse a la nada y ser un clavadista de la roqueta por los aires, pero no he podido. Cumplí cuarenta y ocho horas con la concentración de un ajedrecista. No he de mentir, he considerado varios de los procesos tradicionales para conciliar el sueño. He contado ovejas con una precisión científica, tan es así que cuando llego a la oveja digamos trecientos, el redil está a tope y tengo que mandar a hombrecillos a construir otro encierro. Anoche llegue al extremo de enviar a un negociador para adquirir el terreno conjunto y meter ahí a más ovejas.

Ayer de repente por la tarde, de golpe, en mi sitio de trabajo el sueño se me entregó como en el sencillo trance de un perro, estaba sentado en mi escritorio cuando perdí relación con el mundo, cayó mi cabeza sobre mi hombro y mis manos descansaron sobre mis piernas. Pero nunca pude deducir el momento preciso en el cual caí rendido. ¿Fue en el transcurso exacto en que mandé imprimir un documento? ¿A las 11.25? ¿A las 11:26? Sería interesante lograr descubrir el momento exacto en el cual uno se pierde, se va, dormir podría ser un ensayo de la muerte. Quizá uno nunca sabe cuándo precisamente deja de existir. La falta de memoria de todo recuerdo del nacimiento quizá esté relacionada con la laguna mental de morir. ¿Después de todo quien necesita recordar su muerte?

Igual que posesos

La ciudad está de fiesta,
la gente hervida de rojo con el
sabor del mezcal en los labios sonríe,
los cuetes nos claman a alaridos
desde las nubes haciendo esconderse los perros.
Todavía humanos.
Todos,
antes de hacernos arrancar la carne del pecho
igual que posesos.
Antes de orinarnos de júbilo en los pantalones.
Los rostros se besan mordiéndose vibrando sus corazones con la muerte.
Yo escucho las voces arrancarse a gritos
los susurros a gemidos
la noche a los días y luego de nuevo la noche
y así infinitamente como imagino sería el infierno.

Sobre la tristeza

No saques los ojos de las lágrimas, báñate a raudales con el agua caliente de tu rostro, hierve desde las profundidades de la tristeza, no te intimides ante las plañideras de cuerda, ante señoritos con el carisma color del reverso de los espejos, el pudor déjaselo a los cadáveres desnudos, a los amantes frígidos que se aman con guantes de látex.

Gime regando tus lagrimales en las albercas que nos alumbran con sus reflejos, en el jugo de oasis que nos permite presenciar los eclipses. Luego se evaporará tu rocío, subirá por las escaleras del viento y regará los campos de alfalfa, alimentarás gordas vacas hasta llegar con sus lácteos a nuestras bocas, y así quizá pueda reconocer tu tristeza de las otras, una tristeza malva digamos, un pedacito de ti en el mundo. Luego sonríe, mira los campos de alfalfa que has dejado verdes, mira la vida desde una taza de café con miel en tu mano ¿Cuántos cadáveres hay haciéndonos fila? Soy un ocaso de hombre que perdió cuerda para ver perderse las plañideras en el horizonte, para sentir mi palpitar con tus manos en mis ojos. Para gozar de una tristeza mutua que nos albergue.

Cicatrices y bocas

Cicatrices y bocasSumergido en una paz de muerte, con mi lengua de gato acaricio mis heridas cerradas, visito mis huellas queloides con mi saliva.

La lengua es mi articulación favorita, es un manojo de nervios mirando por entre sus bósales las paredes que a veces son bocas abiertas, es un músculo que mira por su ventana sentado como un rey en su silla, se asoma a la luz con la dieta del vidrio de sus ojos velando, vertiendo palabras afiladas como uñas o sinceras como puños, ¿que acaso la boca no puede considerarse una herida abierta?

Y ahí estamos mis cicatrices y yo rostro a rostro. Una hermosa corona de flores nos rodea y nos secuestra las miradas. Miro la muerte en cada uno de sus poros difuminados. Las cicatrices son la muestra que donde no hay belleza igual los filos de la tierra y el agua embonan la piel muerta a la vida, son placas u obeliscos inaugurados en mis capitales.

Al morir he pedido ser incinerado. Al desaparecer mi última mancha, ya con mi cabellera y mis pliegues deforestados me haré un hueco en la infinidad de recuerdos, para caer por el horizonte igual que un trozo de pan de la boca.