Sobre la tristeza

No saques los ojos de las lágrimas, báñate a raudales con el agua caliente de tu rostro, hierve desde las profundidades de la tristeza, no te intimides ante las plañideras de cuerda, ante señoritos con el carisma color del reverso de los espejos, el pudor déjaselo a los cadáveres desnudos, a los amantes frígidos que se aman con guantes de látex.

Gime regando tus lagrimales en las albercas que nos alumbran con sus reflejos, en el jugo de oasis que nos permite presenciar los eclipses. Luego se evaporará tu rocío, subirá por las escaleras del viento y regará los campos de alfalfa, alimentarás gordas vacas hasta llegar con sus lácteos a nuestras bocas, y así quizá pueda reconocer tu tristeza de las otras, una tristeza malva digamos, un pedacito de ti en el mundo. Luego sonríe, mira los campos de alfalfa que has dejado verdes, mira la vida desde una taza de café con miel en tu mano ¿Cuántos cadáveres hay haciéndonos fila? Soy un ocaso de hombre que perdió cuerda para ver perderse las plañideras en el horizonte, para sentir mi palpitar con tus manos en mis ojos. Para gozar de una tristeza mutua que nos albergue.

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