cuatro hombres

cuatro hombres
Sentados cuatro hombres, pisando el horizonte.
Con hormigueros haciendo erupción a nuestra vista
con la tristeza de nuestros ojos diáfanos
y rostros de metal que ocultan nuestras almas.

Al rebasar las cinco cervezas
develamos las formas de las nubes.
Nos concentramos en un banco roto por el surco de un avión
– Parece un cocodrilo que ataca. Dice uno.
– No, más bien es una mujer orinando. Dice otro.

Ha estado lloviendo y el verde se aproxima
a nuestros zapatos.
Los perros corren libres alrededor nuestro.
Ahora alguien habla acerca de
Walt Whitman, otro de la selección mexicana de 1994,
del error de Zaghe contra Noruega y
de Hugo Sánchez calentando la banca,
de los discos de Seru Girán,
del indio Fernandez, de Tarantino.

De fondo Johnny Cash canta dentro de una prisión
y las parvadas de pájaros comienzan a buscar asilo,
bailan en estructura contoneándose siguiendo
su endémico ritmo
sorteando los huizaches cercanos a nosotros.

A unos metros está la zona de tolerancia.
Ramos de puntangas floreciendo en el concreto
vitrina donde habitan las vírgenes de marfil
las novias extáticas de los maniquíes que pagan.

Roídos de alcohol nos mesemos en las sillas a dos patas
maquillamos con risas nuestras sórdidas heridas abiertas,
tatuajes mal cicatrizados que palpitan y borbotean.

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