Cancún México, Julio 2001

Cancún México, Julio 2001
La noche niega con su cuerpo las horas
timon de nave poseída por la niebla.
La madrugada es un cascabel de una serpiente interminable
que descansa junto a su propio rostro,
sastre de smokings de sombras que nos visten
dulces gotas de negrura infinita
y nosotros adheridos a ella.

Entre las núbiles piedras de una ciudad que gatea
acomodados obsesivamente como dientes de piano
un millar de hoteles lindera las avenidas.

El faro con su cuerpo de jirafa alarga su único ojo.
Algunos barcos dan la vuelta como aspiraciones derrotadas
y caen más allá del horizonte.

Las turistas de los bares que se vuelven
un montón de seda si las tocas
sonríen a los descocidos sin rostro.
Una de ellas –quizá europea-
avanza ordenada como un aliento de pájaros
ocultando la borrachera en el escote
como todo lo que ocultan las mujeres.
Se balancea hacia mí, me toma de los brazos
me pide disculpas
hubiera querido besarla.

Ninguna de ellas es lo que esperas
pero de solo echarles un ojo te enamoras
de todo ese mar de cerveza que es su cabello
de las formas perfectas de sus cuerpos de cerámica
de sus ojos poliglotas que parecen haberlo visto todo.

No tienes nada que obsequiarle al mar
ni una gota de sangre, ni un lingote de oro
todo lo escupe pues ya ostenta todo
si acaso tu cadáver aunque no es suficiente.

Alumbrado por las calles avanzo por callejones
plazas y callejas.
Me detengo donde tres estrellas alineadas
me hacen sombrero.
La ciudad habla en voz baja.

A donde mires
beodos cuerpos blancos
balbucean inglés en diferentes acentos.
Te acechan a cada paso con sus sonrisas perfectas
sus muestrarios de cicatrices en tinta
sus ojos grises como el cielo de Londres
sus manojos de efectivo que les escurre
sus enormes pechos postizos.

Regresé a dormitar a la central camionera
exhausto me derrumbo en una comodísima banca de acero
nada vivo queda en una ciudad como esta.
Mañana pisa un huracán la costa según las noticias
tal vez no vivamos para ver el sol de mañana
y se rompa en ínfimos pedazos de cerámica la piel blanca
y me vista de ella en las cenizas.

Anuncios

Estratagema

estratagema
Aquí y ahora
a media legua del llanto
el ventarrón de tus ojos se me aproxima,
carne de agua con sal vertiendo gotas de un océano
que se ha roto en su jarra

Tanta agua hay en nuestros cuerpos
que al morir se desnuda un esqueleto
buceando hacía ya tiempo
en nuestras entrañas

Con tu estratagema me hinchas
un corazón en la garganta
hasta emerger yo también
las lágrimas en mi rostro

Nos mojamos el uno al otro
haciendo resbaladizas nuestras mejillas

Nuestros lamentos juegan con el eco
haciendo más dramática aun la escena,
-sollozos de ida y vuelta-
sístole y diástole de la tristeza,
somos dos palpitaciones de la tierra
con palabras de la lengua esperanto de los ríos.

En medio de un abrazo húmedo
naufragamos en la dehesa

Los barcos de nuestros zapatos
flotan donde alguna vez existió mar

La sal de nuestros cuerpos se reconoce en la arena
y el aire nos deformará en ceniza
-en polvo nos convertiremos-

O antes lloveremos sobre los campos de arroz
para nutrir a las culturas venideras

O seremos alcohol absorbido por hígados
sedientos de vida

Al llorar y besarnos no estamos solos
tomamos prestada el agua de algunos muertos