Los pisos del universo

los pisos del universo

Marty Mcfly está de pie mirando los mosaicos de la estantería en una tienda de pisos. Con su chaleco rojo Calvin Klein y las manos en los bolsillos. Vaga por la tienda de accesorios y azulejos, pero igual también pudo meterse a una ferretería o a una tienda de pasteles. Le llama la atención que en 1955 los pisos de 30×30 centímetros se pintan a mano, cada pieza es una obra de arte única, alas de mariposas variadas milimétricamente. Se detiene en un piso espejeado, se mira y se da cuenta que le ha surgido una cana en el copete, también de ir y venir del futuro al pasado el tiempo pasa, algunas arrugas empiezan a notarse en su rostro, ha perdido la noción de los años después de divagar en el viejo auto; paradójicamente las maquinas del tiempo también caducan, ahora sabe que el de Delorean nunca llegó a ser un auto de lujo, ni que los coches del 2016 volarán o volaron o vuelan; ya ha sufrido ciertos episodios psicóticos al caer en esa disyuntiva del presente el pasado y el futuro, es muy poco sabido que viajó ocasionalmente al año 2000 para consultar a un psiquiatra, en 1985 aún no existe el clonazepam. Hay cierta melancolía mezclada con locura conocer el porvenir. Generalmente los muertos se llevan esas respuestas con los ojos cerrados. Pero Marty sabe cosas, de alguna forma es inmortal como los vampiros de Ana Rice.

Si un mosaico hablara de las huellas que han tocado su lomo a través de los años, nombrarían las flores que abortaron bajo su vientre, porque los mosaicos también pisan, existen ciudades antiguas encerradas bajo millones de toneladas de hormigón y baldosas, viajar en el tiempo es como ir de un piso a otro, por eso los arqueólogos miden la historia de las ciudades por las capas de los suelos; si alguien cava una tumba en la ciudad de México puede encontrarse con la punta de una pirámide, si alguien destapa una cloaca en Estambul, Constantinopla asomaría los dedos, si alguien viaja al pasado y quita un azulejo de su sitio puede alterar el universo profundamente. Marty lo sabe, cuántas vidas ha alterado por mover un simple salero de su sitio o patear un bote en la calle. Sale de la tienda desilusionado, el principio de un ataque psicótico lo atosiga, saca de su bolsillo un frasco con tabletas de clonazepam, se lleva una a la boca, la última que queda. El frasco lo guarda para quemarlo más tarde, no deben de haber vestigios del futuro en 1955. Mete las manos a los bolsillos y continúa caminando.

Cada vez que viajaba en el tiempo para impedir el nacimiento de la bomba atómica, en algún otro lado del mundo se le había ocurrido diseñarla a otro loco, arreglar el mundo es inútil. Hoy Martin busca pisos para remodelar su casa, con las manos en los bolsillos camina, tratando de ser un ciudadano.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s