Debes leer a Apollinaire

En memoria a Fernando Paredes

En memoria a Fernando Paredes


Fernando Paredes llegaba siempre tarde.
Con las típicas entradas en la cabeza,
Un tipo alto que rebasaba los veintes
Con pinta de quien promete ser calvo.

Con su ingenua mirada de gato
Se sentaba en la mesa y cruzaba la pierna
Como anciano que mira los niños jugar desde una banca.
Los cristales de sus lentes eran delgados
Y se encendían como faros de coche por la tarde
Al discutir.

Leía su texto con retorica humorística.
Su narrativa no me gustó nunca
Pero no había lugares comunes.

Al salir me dijo un par de veces.
-debes leer a Apollinaire…

Una noche caminamos por las calles del centro.
Criticamos a las cúpulas agremiadas
De intelectuales del pueblo que beben en Carranza.

Hablamos de Ramón López Velarde.
-Debes leer a Apollinaire.
Repetía constantemente
Para luego perdernos en la noche como dos perros.

Tiempo después abandonó el taller.

Una mañana hojeando el Sol del Centro
Me encontré la noticia

Aguascalientes Ags. Jueves 12 de abril del 2012

Un joven bibliotecario del congreso del estado protagonizó el suicidio veinticuatro del año al ahorcarse en su domicilio por causas que no fueron establecidas, ya que sus familiares dijeron que no tenía problemas con las drogas, el alcohol ni económicos.

Tenía una vida sencilla, escribió algunos buenos cuentos
Esposa e hija

A veces paso y miro la fachada de su casa
La puerta que cruzó durante años
Las aceras que caminaba

Cuando pienso en el suicidio
Me doy cuenta de que no soy un buen escritor
Tampoco lo fue Fernando Paredes
Pero a mí me queda algo de tiempo.

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Los seres humanos tenemos dos muertes

Fotografía de Olga Carrillo

Fotografía de Olga Carrillo


Aun aumenta mi fascinación por los trenes
Sobre todo los olvidados
Los cacharros de costras de óxido abundante.
La ciudad es fea como un paseo en caminata eléctrica
Con sus fumarolas de napalm transpiradas
Sus cajas de cartón de tabique y cocheras
Sus granaderos de cuerpos diminutos.

Pero las locomotoras abandonadas siguen avanzando
Al paso de la montaña hasta secar su ultimo hueso

Los vagones de carga transportan toneladas de etapas
La mala hierba los rodea con sus brazos de sangre y légamo.
Pienso en mí como en un tren que se evapora
Que se sumerge en el viento a efervescer con los años
Pienso también en la apariencia de mi cadáver.
Lo imagino pues al irme no podré mirarme al espejo.
Los recién muertos tiene la mirada sosegada
La boca entre abierta y la lengua contraída,
Hay cierta belleza en sus pestañas herméticas
En sus pómulos de palidez inmoral
En la escultura contorsionista de sus dedos,
Dicen que horas después de muertos el pelo les emerge
El sudor les emerge, los pedos les emergen.
Aun días después hay súbitos espasmos
Diarreas, carcajadas, murmullos
Son el reflejo de que la segunda muerte aún no ha llegado

Al fallecer quiero ser arrojado a los viejos
Talleres de locomotoras junto a los trenes muertos.
Quiero que la mala hierba me rodee
Con sus brazos de sangre y légamo
Con la mirada sosegada de la muerte y la boca bien abierta
Quiero que mi cuerpo desfallecido se contagie de oxido
Y así pueda mi segunda muerte
Hacer avanzar mis huesos a la velocidad de la montaña.

Falo de aliento

falo-de-aliento
hay mujeres
tan hermosas
que el solo verlas
me desposan,
como un
falo de aliento
que me traspasa,
tu cuerpo me inspira
un hijo echo de vaho
que busca desesperadamente
hacerse carne,

tengo hijos en las avenidas
paralelas a la existencia,
bastardos de mi semen
des exiliados de tu vientre
¿Quiénes somos nosotros
para negarles la vida?