El hombre de los geranios

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Oh mi padre que llegaba tarde por las noches
a mirar las plantas de su jardín descalzo.
Usaba unos Levi´s rotos por las rodillas.

Los geranios se asomaban con sus narices rojas
con mi padre y la comisura celeste de sus labios
tarareando una melodía de Ray Conniff

la marea luminosa que difuminaba con la manguera
daba una sensación de frescor de barro
manchando las flores con un manantial de espejos

puedo mirar la respiración en su cuerpo
y hasta un diástole de aire balbuceando desde su panza
tranquilo como un buda que despega

mi padre escribía algunas cosas en su mente
se llevó un libro a la tumba
con hojas arrancadas entre el pensamiento
y su mirada
como un Sócrates jamás fue publicado

mi padre forraba de geranios los jardines
flores carmesíes incoloras que igual crecen bajo el sol
y florecen en la sombra

-no entres con los pies llenos de lodo chicharin-

para no escuchar ese imperativo también llegaba descalzo al pasto
y lo escuchaba reflexionar acerca del boliche, los insectos,
el ejercito de corea del norte, el barracuda 1971

las flores y yo escuchábamos con nuestros oídos
fosforescentes con la paciencia de la roca en la rivera;
como se inflama tu delgada vista en la meditación,
como se alumbran los cristales de tus lentes con la luna,
todas esas caricias en tus manos sosteniendo una manguera,
el hombre detrás de la caricia toca el verde con su metasilbido
siempre creciendo bajo el sol y floreciendo en la sombra.

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