devuélveme mis ojos

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foto de Anna Arteman

Miro al cielo y un pájaro
en forma de nube se difumina
a la altura de sus alas el viento
los nudillos a su velocidad destronan
las formas de nuestros cerebros

pero abajo su gesticulación es lenta,
arriba un avión rompe la velocidad
del sonido pero abajo es una catarina
caminando por el cristal de un coche

para ti que tome tu mano
es un gesto más de cordialidad
para mí es un pájaro herido
al cual le reparo sus alas torcidas

si te miro caminar para ti
resulta una tribulación de vanidad,
para mí un venado exótico
se extingue entre los matorrales

te cambio tus ojos por los míos
para que tengas la dimensión que yo tengo,
mira la huella del escote donde
inicia el camino a tus regalos

mira la cicatriz abierta de tu boca
espolear una herida en mi pecho

mira desde mi sed el rio de tu cabello
mira mis manos con sus caricias desoladas
como lenguas de perros sin amos

mira la raíz de mi entre pierna
amenazar mis pantalones de hormigón,
mira como mis poros se alinean como escamas
para rodearte ergonómicamente,
para incrustarnos como un rompecabezas

mira como te amo
luego devuélveme mis ojos

Japón

japon
Esta mañana hojeaba un “muy interesante”
revista de sala de espera de doctores.
página treinta y dos un dato habitual:

El setenta y dos por ciento de nuestro cuerpo es agua.

Somos muñecos de charco sostenidos por cuerdas
títeres colgando de las nubes.
Nos vamos secando con cada latido.
Como medusas nos arrastramos por el asfalto hasta secarnos.

Qué porcentaje tan fiel.
entonces mi alma nada en un vaso
y mi corazón es una sirena dentro de una pecera
pero el mar no es azul, somos marea roja
circundando un esqueleto naufrago

En la siguiente página hablan de los japoneses.

Sus ojos son rasgados por que el sol destella inusualmente.

Desconozco tanto de Japón.
Seguiré desconociendo si leo “muy interesante”.
El cien por ciento de sus alrededores rodeados por agua.
En la ilustración hermosas mujeres hincadas comiendo.
Silvestres matorrales de cabello que les escurre.
Seda de un cisne detenido en una casa de papel.
Sus ojos rasgados por el dolor parecen que siempre están llorando,
análogos como pequeñas alpargatas junto a una puerta
mujeres con un llanto seco como el de los gatos.

Palpita en la sirena de mi corazón el sello rojo de su tribu,
yo también tengo los ojos rasgados.
La bandera de Japón es el núcleo de una cultura,
una vagina encendida con fuego,
la huella digital con oleo echa por el falo de buda,
rojo como el telón de la tercera llamada que se alza,
somos una civilización eterna.

Desconocemos tanto de Japón y de nuestro cuerpo,
paso a la página siguiente.

media botella de whisky

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Pronto volveré con un psicólogo.
Al letargo de los índices señalándome.
Al sastre de la camisa de fuerza
de manga corta.

Dejare de estar triste.
Bajaré la cremallera del sol
bañando mi cuerpo azul.
Callaré el apagador de las sombras,
abriré mas los ojos
para que el mar choque
contra los abruptos
de mi alma silvestre,
de mi ello coprófago.
Giraré la mano
ocultando los nudillos
con la palma que acaricia.

Dejaré razonar a los espejos.
Pondré mi traje de niño
en los guardarropas penitenciarios.
Los técnicos en psicología
me harán funcional
como un rifle.

Deben mantenernos
como engranes girando,
como moscas que patrullan
haciendo círculos.
Deben hacernos
redondos como el mundo.
Afilar nuestras aristas
hasta hacernos elípticos.

Dejaré los tragos a medias
y algunos amigos de los mejores
borrachos se cansarán de mí.
Jugaré de nuevo a la dinámica
pastoral frente a un matasanos.

Despuesito lavare mi ropa,
comeré a mis horas, haré calistenia.
Malas mujeres que venían
se aburrirán de mis ideas mesuradas.
Dejaré implorar se me venda
vino en las deshoras policiales.

Pero hoy tengo algunas cervezas,
media botella de whisky
y canciones tristes.

Escribiré algunas cosas
que me hagan llorar.
Trabajare en suicidarme
un poco antes del viernes.
Porque volveré con un psicólogo
y dejare de estar tiste.

El hombre de los geranios

el-hombre-de-los-geranios
Oh mi padre que llegaba tarde por las noches
a mirar las plantas de su jardín descalzo.
Usaba unos Levi´s rotos por las rodillas.

Los geranios se asomaban con sus narices rojas
con mi padre y la comisura celeste de sus labios
tarareando una melodía de Ray Conniff

la marea luminosa que difuminaba con la manguera
daba una sensación de frescor de barro
manchando las flores con un manantial de espejos

puedo mirar la respiración en su cuerpo
y hasta un diástole de aire balbuceando desde su panza
tranquilo como un buda que despega

mi padre escribía algunas cosas en su mente
se llevó un libro a la tumba
con hojas arrancadas entre el pensamiento
y su mirada
como un Sócrates jamás fue publicado

mi padre forraba de geranios los jardines
flores carmesíes incoloras que igual crecen bajo el sol
y florecen en la sombra

-no entres con los pies llenos de lodo chicharin-

para no escuchar ese imperativo también llegaba descalzo al pasto
y lo escuchaba reflexionar acerca del boliche, los insectos,
el ejercito de corea del norte, el barracuda 1971

las flores y yo escuchábamos con nuestros oídos
fosforescentes con la paciencia de la roca en la rivera;
como se inflama tu delgada vista en la meditación,
como se alumbran los cristales de tus lentes con la luna,
todas esas caricias en tus manos sosteniendo una manguera,
el hombre detrás de la caricia toca el verde con su metasilbido
siempre creciendo bajo el sol y floreciendo en la sombra.