la señora cerveza

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Quien consume droga sabe de nigromancia.
Baila moviendo sus cuerdas de títere
manipulado por una extremidad con párkinson.
Sabe del pensamiento socrático, sabe de geografía,
sabe del amor.
Se quita el cerrojo a sus puertas
tomando prestado un ataúd de aire
para practicar su muerte con estoicismo.

Pero la cerveza es una señora.
La mano de vidrio que la amolda
es una palma deteniendo un seno con cariño.
Costilla de adán que no habla
pero llena de espuma su entre pierna.
Se calienta con un roce de nudillos en las rodillas.
Esperando que mires un instante
su corazón en el fondo del cristal.

Señora amarilla de rubor invariable.
Me casé al civil con usted tras mi primer sorbo.
Desnuda del corsé de tierra me diste tus pechos.
Bendita seas entre todas las industrias
por conducirte hasta mi boca.

Aunque los celos se te vengan de golpe
Aunque tu periodo nos enfade cada veintiocho grados
Y la caricia de tu ley seca la escondas tras un puño
Y aunque eres bisexual nos perteneces.

Tu resaca es un enfermizo mal de amores.
Una isla que parte de nuestro planeta
Cada día debemos nadar más para alcanzarte.
Aunque mi hígado ya no sea un barco sino un remo
te amo cada que me besas.

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Vasco da Gama

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Miro un vaso detenidamente
Es un puño de vidrio que contiene mis ojos.
A continuación escribo en una servilleta humedecida
La siguiente enumeración:

El mundo es una gota de agua en una mesa,
minúsculo dardo en el vientre de un cerdo,
esperma que da giros para fecundarse.

Las enumeraciones siempre son aburridas.

Si fuera minúsculo moriría entre los hielos
Mirando detrás de los icebergs
Y hasta el tuétano de mi muerte lo hincharía de agua.
De ser minúsculo mi perro me perseguiría con sus garras
Un vaho de insecticida quemaría mi garganta
Evitaría toparme ejércitos de hormigas de colores opuestos.

Pero alguna vez fui minúsculo
Y sorteé a millones de espermas para penetrar un ovulo.
¿En que limbo naufragó el alma de mis compañeros caídos en esa batalla?
¿A dónde puedo ir vocear sus nombres?

En esa probabilidad de millones
Alguno debió llamarse Pablo, otro Benjamín, otro Parménides,
Centauro, Poncio, Píndaro, Alfredo.
Jonathan, Cassius Clay, Vasco da Gama,
Jesucristo, Francisco Franco, Rasputín.
Las enumeraciones siempre son aburridas
Incluso para nombrar a los muertos.

El pudor de llorar

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En la radio roja de la media tarde
El locutor habla de un ladrón.
Minutos antes había robado
A mano armada un Banamex

Puse un disco de Bob Dylan y la voz
Del locutor se ahogó entre las armónicas

Oh, where have you been, my blue-eyed son?
And where have you been my darling young one?

Entre el semáforo y el sol recalcitrante.
Las aguas de metal en los ríos de asfalto.
Vi a unos niños jugando a los aviones con piedras.
Las alas eran orejas de hormigón asimétricas.
Su madre pedía limosna cubierta por un sarape verde y morado

Regresé más tarde de una tienda de juguetes
Con dos hermosos aviones con proyectiles.
Se los entregué a la madre y ella
A los niños en las manos.

Sonrieron dejando las piedras en el piso

Los ojos se me hicieron charcos
Y los escondí detrás de los lentes oscuros

El pudor de llorar
Somos agua contenida
Un océano rojo dentro de un vaso de madera
Polos que nunca deben encontrar sus bocas

Hay que mantener los aretes de oro fino
En nuestros lóbulos de Taiwán
Y esconder los ojos que lloran
Como se esconden los pezones.

Tener la hipoteca al día
Extirpar las muelas del juicio
Cambiar las bujías del coche cada seis meses
La radio roja no tiene pudor
La sangre nunca está desnuda
Está bien mirar un hombre destriparse
Mientras no exhiba sus genitales

Los niños huicholes alzaron los brazos
Sosteniendo los aviones en el aire.
Dos helicópteros reales los rodean
En un error de perspectiva.

El ladrón del banco huye
A apenas dos cuadras.
Corre con el dinero de un millón de aviones
Que harían sonreír a un millón de niños.