¡Ay! Juanita

¡Ay! Juanita
Hace diez años había una casa
en medio de un erizo de oscuridad
expansiva

dentro el olor a vino y a mujer
y a gritos de decenas de hombres
desconcertados

los sábados me esperabas ahí Juanita
apoyada en el barandal de metal
con un bote de tecate meneando
el culo de banda y riendo

después de las fiestas los hombres
borrachos farfullan en braille
algunos pelean a golpes en la puerta
otros en la sala solo beben

la mujer de Tepic huele a trago de sal
Libera las olas de su vestido
para que la espuma de la cerveza
se mezcle a la sabia de su cuerpo

las demás mujeres desaparecen
periódicamente como
palomas del atardecer
en la plaza

pero la hembra de Nayarit
tiene un pacto
con el eco, la música
y la noche

tu bailabas de aquí para allá a metros de mi
sonriendo a diestra y siniestra
finalizando siempre el hábil baile
con un clavo de ojos en mi mirada
de borrachín pensativo

luego la carne en las labios contrarios
En el cuarto de arriba
mis dientes te traspasaban como garras de metal
y tu gemías con una sonrisa perfecta

mujer de la costa cuando se quemó
el sarape de tu amiga telefoneamos
a los bomberos y cuando llegan
habíamos parido ya quince niños

a aquel fulano que lavaba dinero
con los coches me presentaste
como escritor y sus ojos
casi se incineran de lo relucientes
¡Ay¡ Juanita preséntame como
aprendiz de poetastro
si como eso

Clítoris

clitoris
que maravilla la de un punzón que avanza cegado
por los senderos de un crisantemo que se abre
extendido por el agua bendita del infierno
con asuntos pendientes de tregua con sables

La bandera está rota y cuelga

La bandera está rota y cuelga
La bandera está rota y cuelga
de un álamo de viento cenizo,

como un trapo con un brazo descosido
en el aire y las alumnas con sus chalecos
son besadas en la avenida

el zapatero busca el tono de la tarde
en los mocasines de un señor
que lee la jornada

los arboles rechinan su avance
a ningún lado
rápidos como maniquíes

los coches chillan sus bocinas
reclamando su alma mutilada
entre llantos de bebés cansados

se le guarda comunión a un trozo
de tela inutilizada con simples
colores que están por doquier

los muchachos que morirían por la bandera
aprietan sus puños en los bolsillos
de sus pantalones asfixiando
la caricia que se les negó
cuando más la requerían

la tarde un papaya naranja

la tarde un papaya naranja
la tarde un papaya naranja
con el aire ordenándolo todo

Aguascalientes desaparece a mi nuca
con el do sostenido de los perros tristes y las campanas

una prostituta en la zona de tolerancia
apaga un cigarro en el excusado
mira las nubes industriales de la Nissan
sentada por una pequeña abertura de madera

“si se quedaran para ver morir la tarde
y sin saliva ajena se marchitarian las violetas”… piensa

se pone de pie y sube sus bragas

deja un pequeño trozo de papel
con unos versos rayoneados
durmiendo en el cesto de basura
junto a la caca de otra prostituta

a bordo de un Volkswagen

a bordo de un Volkswagen
A la altura del atlas me despido
con la orden de taparse el sol los ojos

a gran velocidad mi llanto se queda
queriendo volver al mar y reunirse con su alma de sal
no sé si son lágrimas de risa o de tristeza
por la ventanilla de un Volkswagen en asenso alrededor
de un millar de punzantes puntos ciegos

un esqueleto en una ambulancia
me hace su cambio de luces
y yo acelero sintiendo la piel del espacio
horadar mi pecho hasta hacerme confeti
dando mi última mirada al charco del mar que se aleja

lágrimas nucleares

lágrimas nucleares
las lágrimas nucleares caen como hojas
de un corpiño de nubes negras girando
ablandada la carne del latifundio
la tierra se guarda en su pecho para los museos futuros
las lenguas que los hombres
le depositaron en medio de las piernas