Carta al jefe de los campesinos

Carta al jefe de los campesinos

Campesino un día dejé caer toda una hortaliza
de aire mineral comestible
a tientas de un radio kilometral de tezontle
con un pescado sujetando mi corazón
con el hilo coprófago del cáñamo.

Quise sembrar mi propio océano.

Coloqué algunos cráneos en fila
y las hijas de la semilla de una alberca abandonada.

Con una maja de pechos de goma
en una probeta anidamos un esperma disecado,
dancé con las suelas de mis manos
el ritmo de hojaldre de un tlaloque cantor que se jubila

como pájaros oscilantes en el bostezo de un volcán activo
que flotan sus plumas a centímetros de la lumbre
me arrojé a casi ahogarme en el vapor del espacio

a través de la quimera de un vendaval de espejismos
por donde imagino las funerarias de los tecolotes
catar los mejores negros para el paladar de los gusanos
miro la lluvia hacer fango mi peluca

un puñado de sal emerge de mis bolsillos
lo arrojo para parir la tierra en un intento de desesperanza

campesino el hombre es el dinosaurio más inútil
que hemos creado

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