trozos de verde que han perdido el amazonas

trozos de verde que han perdido el amazonas

la aurora balsámica
que cae de rodillas en la espada,
que ha cortado los bosques de golpe
y que ha vaciado,
el océano en la lengua de su alfiler hidráulico
de la tina del horizonte congelado
del otro lado del Danubio
donde los dinosaurios
viajan en la nave del mundo mirando
por la ventanilla de nieve el planeta
esculpido por las manos de meteoro mujeril
y la bomba nuclear anticipada
que llevó a Jesús al baño de palos
y las gotas de espina coaguladas rascarle los huesos
y romperle los músculos del rostro
con la realidad atónita del estúpido puño fundamentalista
y su caricia de nudillo neurasténico e hipocondriaco

ese aliento desmedido de rojo cimbrado
en el canto frontal y en la empuñadura de la espada misma
dando un lujo de bermellón en la Europa bárbara cadáver,
esa costra de metal en la cintura de Julio Cesar
descansando en los hombros del mundo

y en su recital de guerra el hablar del otoño bizantino
y sus infinitas hojas secas en los bosques germánicos,
hablo del viento que emerge del suspiro del cadáver
hablo de Marco Aurelio y su aura de vulva corrompida
en tutela de los ebrios caminos sangrantes de Italia

Italia; planeta de los conejos que bajaron de la luna
para ser fecundados por hombres de sensibilidad superlativa,
cuna de los romeos que se besan
de frente y en la boca mientras sucumben,
herida abierta y punzante de labios violetas y clítoris de humo,
caricia de arrecife para palidecer de frutos de añoranza,
lengua seca que retorna al país de la saliva y sonríe en el sarcófago,
incendios de bolsillo para apagar la inundación de la sequía,
para silenciar el silbido que deja hablar a la mujer
que deja la música en sus manos

hablo del silbido angelical de un bolero que calla y lustra,
sismo en el vientre de la calle para que los peatones borrachos bailen,
choque frontal de árboles en medio del bosque,
último suspiro de la piedra angular erosionada,
inoperancia en la inspiración de las musas que envejecen
y responden esquelas a sus toreros muertos.

Y un taxista mira el parquímetro ser un cronometro
que ha sufrido un infarto y en el desahucio todos viajan libres.

Hablo de la abundante espuma de dolor que no evapora
en los incendios inquisitoriales y permanece por milenios,
y la muchacha agita su respiración de bruja
atada poniendo alerta los faros de sus pezones
mientras las llamas eclesiásticas la respiran
y los tecolotes observan la semilla de su grito
florecer en su garganta

hablo de la violencia que más parece un color oblicuo
que habita en los restos de un tren descarrilado hace años por ejemplo,
bajo la palabra de la locomotora que oculta
su fantasma en el zumbido recóndito en la hierva

hablo del nombre del perro que muestra los colmillos,
y en el apellido nace una caricia del pelaje hacia los hombres,

solo de volcanes que se comunican mostrando su baba que hierve,
y la ciudad evangelizada quinientos años antes en sus pies se cocina a fuego bajo

sonetos desesperados sujetos a las palomas mensajeras extraviadas,

falo de dios que penetra por las heridas punzantes
y sonríe en el orgasmo mientras todo se desangra,
risas de bocas abiertas que sonríen con las encías
y su mirada de falo estólido de ancianos impotentes
que miran a las colegialas, mientras la gelatina ahoga sus huesos
siendo ya sus cuerpos moldes de légamo aguado

trozos de verde que han perdido el amazonas,
la agonía y su viaje redondo a la muerte

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s