¿Cómo descubrí la poesía?

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fotografía de Olga Carrillo

era la peor crisis económica del mundo desde 1929,
2008 fue un año ruinoso
hasta los trenes se pararon y sus desempleados no hacían más que hablar de trenes
recargados en las paredes rotuladas con los nombres de políticos en campañas caducas
fumando y agitando los brazos espaciosamente

me instalé en el interior de una calle en la punta de un cerro
con nombre de héroe socialista desconocido,
un enunciado oblongo y longitudinal alargado como trompa de cerdo
inscrito en los obstáculos afilados de las esquinas del barrio
Ramón Hernández Moreno era el nombre de la calle y se me viene a la mente
que me gustan esos garrafales nombres como de robustos boxeadores fronterizos

los hombres salían por las tardes a escupir y beber cerveza, junto a ellos
un montón de niños descalzos se golpeaban unos a otros vociferando maldiciones.
Mi amigo y vecino Javier, trabajaba de mata llamas y sus jornadas lo abstraían por plazos inflexibles,
y en esos días yo no tenía trabajo, ni esperanzas ni nada que me pudiera jalar al mundo
de los vivos.

Quién puede decírtelo de frente que vives dentro de Hambre de Knut Hamsun
y el deterioro progresivo se viene como una avalancha lenta de navajas para afeitar
acariciando tiernamente las entrañas para después borrarte en un movimiento vehemente,
quizá sería por eso que algunas gentes se iban temprano a la casa para cumplir con los suicidios agendados,
para parpadear eternamente hacia adentro como la vulva de una monja
para abrazar el constreñimiento como un volcán que se traga la saliva y duerme
para atarse la última corbata de comba con nudo de ahorcado apuntando al foco.

Seguido venían mujeres a mi casa
las desnudaba y se dejaban penetrar abriendo sus labios a mi boca
cerrando los ojos para sentir el verdadero cansancio del mundo
y sus pies temblar como un rugido de roca volcánica mientras por la ventana vigilaban sus coches
detenidas en un charco de nitroglicerina que se menea con las caderas de las fallas geológicas,
una de ellas me llamaba: sobreviviente

en las tardes llegaba a casa y veía bajo la puerta un montón de facturas por pagar
las pateaba bajo la mesa y abría la sucia garrafa de mezcal y daba un largo trago para incendiarme,
para revelar las proyecciones en mis ojos involuntariamente con las lagrimas
y al dibujarlas en papel fotográfico almacenarlas en el lado triste del corazón
eternamente, para dejar un mensaje rupestre al César de los siguiente milenios
en el muro de mi alma

cogía la pluma y escribía incansables redondillas cuadradas
mirando la enorme puerta de metal que salía al patio
mientras afuera las botellas vacías flotaban en el aire en las guerras de pandillas
buscando un cráneo para reposar su alma rodilla kamikaze,
fue ahí que descubrí la poesía

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