Villas de nuestra señora de la Asunción 2 (la mancha de vomito)

Villas de nuestra señora de la Asunción 2 (la mancha de vomito)

sueltas a las nubes de un cielo descapotable

encima de los cerros, donde ningún pueblo se atrevió a alojarse

se irguen los muros de los pobres, la mancha del vomito se extiende como lava

de pie en el acullá y en el etcétera

en el da igual, en el como sea, en el inclusive, en el me olvidaba de,

donde los satélites en negación vuelan más lejos para no empañar las espejos

con los fósforos de la noche que cuelgan como tímidos incendios en las calles desde las alturas.

Siempre vienen gobernadores a echar la primera piedra dopados de antivirales

y las manos de la mirada del espacio asoman su ansiosa uña bisturí

para cercenar las calles sacando en barriles los vestigios del cáncer construyendo cimientos

y hacer un asentamiento humano

los asuntos de la urbanización se tratan directamente con los carniceros

y así el médico despótico adorna calles con las osamentas de conejos de la luna

directamente a la boca de los perros en los ojos de los obreros que cantan,

que en la banqueta colmados de concreto, se sientan

y parlotean entre el licor y semen en las ropas y bocinas que escupen desde el suelo,

y los camioneros aparcan sus enormes buques

para nadar en la tierra huyendo en los mismos puertos

y en la mancha de vomito se untan las cadenas en las manos y sonríen

los drogadictos se reúnen en el monte detrás de mi casa y retumban sus graznados

el violador se acaricia en la parada de autobús a espaldas de tuertos maniquíes

detenidos detrás de un vidrio en la espantosa tienda de ropa en la avenida

las mujeres barren las piedras en las calles de la guerra de pandillas de la noche

los niños juegan a la pelota con un cuerpo paralitico de pájaro en el callejón

mas que un suburbio, vivo en un deshuesadero de almas

un gato enfermo terminal de un síndrome galimatías en los cerrojos,

una villa donde los parachoques neurasténicos de los automóviles

no dejan curar las calles del crónico zumbido de las ambulancias

y los policías llegan y miran desproporcionadamente la súbita erosión

dan un largo trago de brandy en la patrulla, saltan al entierro, toman sus palos

y empiezan a descalabrarlo todo, hasta que la mancha

de ladrillo hueco traspase los círculos del infierno y retorne

la mancha de vomito a su hogar original

pero solo consiguen hacerla más grande

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