una rebanada de muerte

una rebanada de muerte

Foto: Vertedero ilegal de Olalla, autor; Arttikusbcn

Me desperté a las seis

con un papel en blanco frente a mis ojos

ahogados muros de Berlín dentro de gelatinosas cicatrices blancas

con las mirillas a el monitor de la mampara Toshiba;

los parpados se me adhieren abiertos por el velcro del expreso

y mis pupilas alumbran como focos fundidos en las altas el tráfico embotellado de las palabras

no hay conflicto que rodar por mis cejas, el líquido de las sabanas se me ha derramado

no hay bujías que calienten mi recorrido de la mano a la palabra

y de la palabra a la piedra,

un simétrico derrame cerebral camina por ambos costados del rio de concreto

en la parte frontal de mi frente, y al tocar el viento mis ideas coagulan como sangre envenenada,

y de la palabra amor al el hueco de la arcilla, y la luna y las estrellas

y otras poquísimas palabras que por antonomasia permanecen

en una ceremonia de carencia que busca lo inmediato,

como una relación no hambre-pan y los dientes, se afilan sin necesidad,

un reflejo animal de los perros a la altura de la boca del escritor.

Pero en mi mente la materia oscura se reinventa

y hay un punto enorme entre latidos, un siglo del diástole después de otro de un sístole

y el parpadeo ha dejado de existir, los ojos se hacen uno con el objeto

ahora el muro también es ojos, y la pluma y la máquina y el retrete, todo mira;

todo engulle detrás de un iris que alumbra a partir de un cerebro conjunto

desde un centro de la tierra los objetos laten

y el mismo no parpadeo evita que mis ojos se transformen

en agujeros negros que no tengan limite, y todo lo presente se venga como coches sin frenos;

libros, lámparas, puertas, licuadoras, facturas, neumáticos

los agujeros negros dejan de respirar, me quedo inquieto en mi sitio sentado en la silla de escribiente

pero la vida me escribe, ahora me distraigo en los diamantes de una diadema de luces

debe ser una rebanada de muerte que he sacado involuntariamente de su embalaje

un pasillo celestial o un hilo de cáñamo que nos jala a otro tragadero

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