niñeras pederastas

niñeras pederastas

Supe la leyenda de un hombre chino

que duró cien años en meditación,

lo alimentaban a base

de frutos machacados

y más adelante

liquido intravenoso de vez en cuando,

se creía en coma,

un día al despertar

imagino lo que vio:

Héroes cobardes,

niñeras pederastas,

sargentos castrados,

niños ancianos,

diamantes de cartón,

biblias en blanco,

cifras que riman,

sauces insensibles,

lobos vegetarianos,

camaleones sin guardarropa,

poetas analfabetas,

rosas sin espinas,

chimpancés gobernadores,

sabios ladrones,

rodillas blandas,

carne de cañón

en sillas presidenciales,

canceres benignos,

alfombras rojas

en los patíbulos

de la pena de muerte,

putas caballeras,

bautizados desvirgados,

balas de peluche,

sables de menta,

zapatos tenis,

gordos bulímicos,

aviones sin plumas,

ratones gigantes,

árboles enfermos,

sindicatos

de asesinos a sueldo,

rameras con seguridad social,

reyes ornamentales,

papas en el g-20,

amores tributarios,

abortos industriales,

seguros de vida para faquires,

playas para zurdos.

Este es uno de esos tontos poemas donde se extraña a alguien

Este es uno de esos tontos poemas donde se extraña a alguien

Este es uno de esos tontos

poemas donde se extraña a alguien,

hueco hasta absorber

nubes y disparar celaje hueco

 

no es bueno que lo diga

pero a veces la extraño demasiado,

la tristeza es un dolor de vientre

que se expande

como olas de rio

al tragar un proyectil

 

los hombres olvidamos

a nuestras mujeres

como se olvida la piel de encima,

es decir cada nunca

si se le amó con todos

los recursos del alma,

se desprenden el tumor

los cadáveres ya dormidos

con los tendones desnudos

rascándose eternamente

 

y aun te encuentro tranquila

tomando mi medula espinal

con tus pequeñas manos de cerámica

riendo de alguna de esas tonterías

que nos hacían reír como micos

 

Este es uno de esos tontos

poemas donde se extraña a alguien

y los roses de espejismo que parecen

ser barcos enemigos

o mujeres desnudas nadando hacia mi playa

no son más que botellas vacías

con facturas dentro

vistas desde lejos,

por que fuiste mi patria aún en el exilio

y a diario niños héroes

se tiran con banderas

enormes bordadas con kilómetros

de tu negro cabello lizo

de cualquier edificación

de mi cuerpo

 

hoy me tomé un respiro

para estar triste,

como fondo de un infierno volcánico

en una imagen de sonrisas nupciales,

como un toro que ha quebrado

la espada del matador con el dorso

y está de pie con la serenidad

de quien se desangra de pie,

como un redondo derrame de petróleo

acariciando el horizonte,

como un funeral sin cuerpo

para arrojar las lágrimas a pedradas,

como un montón de amapolas

que su ensoñación se ha consumido

en los pulmones de la nieve,

como un rocanrol sin cuerdas de guitarra,

como un sastre necesitando

de un traje propio a la medida,

como una botella de cerveza rellena de rocío,

 

y no pasa un día que no te recuerde

a veces a gotas y a veces un tsunami

me estrella sus dientes en el rostro

https://www.youtube.com/watch?v=sC9cxMT0Rro

muchacha sencilla que visita a un poeta

muchacha sencilla que visita a un poeta

Se va la muchacha de la casa del poeta,

dos días después escucho su perorata

de monaguilla desautorizada

y docencia de vida candorosa

en un café del centro.

Está totalmente loca por este sujeto,

y creo que yo también,

un tipo bajito según cuenta

con enormes gafas circulares

y una crecida barba fuliginosa

que le llega hasta los hombros.

Llegó un miércoles de ceniza a su casa

y el la recibe con una cruz de betún en la frente,

pide que se quite los tacones

y se desnude por completo

pero se deje la bisutería encima.

Ella, caminó en medio

de un interminable deshuesadero de libros,

cogió uno de un tal Albrecht von Haller

y al abrirlo una cola de ratón

separaba un capítulo del otro,

habían gráficas, rayones inconfesables,

dibujos fálicos, pisadas de mastodontes

con tinta china en algunas páginas.

 

Platica que miró

artefactos completamente extraños,

por ejemplo un vidrio estrellado sujeto

por un mechón de cabellos larguísimos

y el poeta dijo que en realidad

era un monóculo de unicornio,

o una botella de vino rellena con ojos de sapos

y el aseguró que en realidad era

un antiguo satélite ruso con vistas apuntando

a todo Estados Unidos.

Miró algunas pinturas

y una de ellas se llamaba

“el aullido sordomudo

bebiendo de un esfínter

nuclear”

y la imagen

era la de una chimenea

de Chernoville alzada

por una colmena de abejas

con cabezas de labios entre abiertos,

 

anduvo desnuda,

paseando por la casa

sorteando las curvas femeninas

por los peligrosos salientes libros

y trozos de antigüedades oxidadas,

con ese escurrir fino de puntillas

que la mujer instala

a cortos tintineos fecundantes

que van de un paso a otro

poniendo sus agarraderas

en las manos centinelas de la lujuria

haciendo con las nalgas hermosos buches diagonales

buscando los senos observar cualquier detalle

con su pupila de mirada horizontal

que todo lo alimenta en ese amamantar

de universos que de la mujer cuelga

mientras el preparaba

un germen brebaje

con olor a azucenas

y tierra de lluvia,

 

el dijo; es saliva de tecolotes

con relleno de rosas,

ella quedó detenida

en el marco de una puerta desmontada,

escuchando y obedeciendo

y los gatos se pegaban

a sus rodillas desnudas,

y el poeta caminó hasta ella

con el fuerte zumbido de la infusión

hirviendo en la parrilla,

le tomo con ambas manos

los senos

y con un fuerte beso la apartó

de su camino como empujándola

para despejar luego de papeles una mesa conjunta

y cargarla hasta posarla

tendida en la tabla de mezquite

y tres gatos fugaron despavoridos,

derramó intencionalmente el cabello

de la hembra en toda el área

y entonces besó cada uno de los pliegues,

los nodos, las piezas que se sueldan

unas a otras con engrudo de arco iris

y espasmos de auroras boreales,

luego,

a los lunares les apodaba

con nombres de metales raros

sin separar el beso de la carne

y la volteó y mordió la espalda

duramente hasta llegar el centro

de todo e introducir su lengua

por el agujero negro que todo lo succiona

y un gemido de mujer desdobló

los pasillos del viejo edificio funcionalista

como un golpe de tambor inaplazable

como un rodillo de alfombra arrojado

al desesperado desdobles férreo

como un cohetón de feria disparado a destiempo

como un rugido de volcán en la jungla

como un suspiro esquizofrénico

que se transforma gradualmente en alarido.

Y así, la iba girando con sus manos

en un trompo de traslación

y en cada giro la penetraba por donde podía

ella, en los cortos pero repetidos espasmos

de placer y dolor giraba como una bailarina croata

simulando una danza de taladro que busca pisar

el centro de la tierra de golpe

totalmente dócil, deshonrada de sudor

saliva, sangre, semen, uñas, dientes

sucia, descabellada, fragmentada

hecha barro y hierva y lagrimas,

feliz

 

al vestirse ella para marchar

el poeta le susurró de costado:

llévate un océano de subvenir

para repartir con tu gente

cantando la pelota su redondo

nudo de pezón flotante,

 

y le obsequió un globo

relleno de agua

 

Nicolás Grigori Rasputín Tercero

Nicolás Grigori Rasputín Tercero

El vidente de ojos camaleónicos

para atarse la tangente del mundo

a la cintura,

el papa Nicolás tercero

y el hijo adoptivo del zarismo agonizante,

son plumas de la misma ala.

Cuando intentaron asesinar

a Grigori Rasputín

se necesitaron

altas dosis de cianuro

en el vino

y en la comida,

cinco balas

de una potente browning

y severos golpes en la cabeza.

Un suceso seguiría al otro

sin éxito hasta que el monje

desquiciado de Siberia

Cayó finalmente al piso

y tirado al río Nevá,

luego, la revolución rusa

profanó sus restos

para incinerarlos en el bosque,

el médium logró ver

entre su pensamiento que se venía

la primera guerra mundial,

la revolución rusa

y la muerte de todos los Románov,

y le advirtió al zar

la inminente tragedia

que se vaticinaba.

Mi amigo

el confesor de los astros

logró ver el regreso de Quetzalcóatl

caminando

por los desiertos de California

con una guitarra atada al cuello

dirigiéndose

a una floresta austral

suspendido en un bosque capricornio,

para extender su arpa

de bardo y alimentar

de serenidad las vulvas

en la punta de los volcanes

enfadados.

 

El papa Nicolás tercero

vivía en la bifurcación alterna

del demonio angelical,

se le vio en el vaticano

así como también Dante

en el infierno

junto a los simoniacos.

 

Entre los tres hay setecientos

años de diferencia

pero un tercer ojo

atado a una estrella en el vientre

El boxeador

el boxeador

Campeonato nacional 1987 peso pluma

en un despintado auditorio de Tijuana

aguantó 14 rounds de guijarrazos en medio de trescientas gentes

frente a un peleador Huasteco con rasgos totonacas

en un polígono amarilleado de sudor y sangre

para por desilusión unánime recibir

un desencajado cinturón con baño

de plástico bruñido y diamantes de resina.

Barriga orgullosa, parcial calvicie y bigote desteñido,

caminan por el viejo andén del gimnasio

con las zapatillas que vieron caer

tembleques mandíbulas al elástico ladrillo

repasando la vieja historia cientos de veces

diariamente.

 

Suelta un par de golpes al aire

con la mueca del placar rudo del que acaricia,

ejerce un potente látigo con la derecha

al finalizar con la izquierda

desde los hombros

y continua a pie

recorriendo el gimnasio

soltando súbitos gritos

con nudillos de testosterona conflagrante

observando a los boxeadores trabajar,

uno a uno golpea enormes colchonetas.

Se detiene en un muro iluminado

y sin dejar de gritar le encaja

una serie doble de jabs a su espejismo

y flexiona las rodillas

finaliza con un oppercut

que despega como un cohete

y se desintegra en las estrellas,

sonríe, le mira las nalgas a una chica

que salta la cuerda

agita el bigote,

regaña

el mal movimiento de un chico

que trabaja con la pera elevadiza.

 

Discutíamos seguido acerca de todo

en su vieja oficina parcialmente adornada

con trofeos y libros cristianos

y para hablar también boxeaba,

una vez me dijo

que el boxeador mira

a la altura del pecho

del contrincante

para tener un punto muerto

que indique

el cascabeleo de hombros,

y el súbito arrancar

de un golpe.

Yo le dije que en realidad

se mira al corazón del contrario

para colocarse en la matriz del alma rival,

para danzar la semilla del camaleón giratorio,

para extender las alas del amor

en la cancha de la guerra

para mirar al corazón como se debe mirar

como a la novia desnudarse, a la altura de en medio de los pechos,

como la etiqueta de coñac que se desprende

y se miran los senos de licor sobrante

en un horizonte que baila al son de los pasos drogadictos

se miran las pupilas blandas del colibrí

detenido en las arterias-raíces del ahuehuete

sembrado en un agujero negro escarbado

en el patio de Saturno

la rafia que envuelve dócilmente el big bang momentos antes

del repentino estornudo final que todo lo devasta

para esparcir la manzana de Adán

en los jardines contrarios,

porqué el golpe también es una caricia,

una caricia enferma que pide a gritos ser abrazada,

ser almacenada en los cubículos de las concavidades humanas.

 

Y el me regalaba una de esas sonrisas enclenques

que acarician la ingenuidad de un niño,

y yo también sonreía, todos sonreíamos,

luego me alejaba para seguir trotando

soltando un par de jabs erróneos al viento

con un parado poco resistente y una fuerza deleznable

y el entrenador me seguía viendo

como al aparecido medio sabio que no boxea

pero que ahí pertenece