trozos de mujer desperdigados

trozos de mujer desperdigados

Se para desnuda

se viste

extiende

toda la piel

por el cuarto;

busca su ropa

se dobla y se desdobla

me alejo nadando

de los horizontes redondos,

del mueble constelar

que define los pliegues

de la dama,

yo trato

de regresarla

a las sabanas

pero el reloj

insiste

con su tono

en la voz

de oficial de trenes,

coloca el despojo

en las líneas rectas

cubriendo la ternura

de las concavidades

de los senos,

y yo siento

esa melancolía

antojadiza

que se siente

cuando se añubla

el bosque de neblina

se va;

y en la mañana

con la luz natural

del día

se ven

preciosos trozos

de mujer desperdigados;

pinzas para el pelo,

listones con encaje,

ligas de pastelillos rosas,

colibríes apoyados en la mesa,

cartílagos de constelaciones encendidas,

pájaros enarbolados rondando

desprendiendo hojas de las alas,

migajas rojas del diablo inmaculado,

kilómetros de hilo de cabello

para reparar bombines de astrólogos,

gritos de un sauce llorón,

latidos de carmín

grabados en el arrecife

de los mosaicos,

cuernos de unicornios

girando en el techo,

biblias abiertas,

liebres fluorescentes,

libélulas blancas

que enredan el aire

con el canto de sus poros

perfumados

y uno cuenta

los barcos en las horas

hasta volver al naufragio,

recolectar los trozos

y armarme un ancla

para ir lo más

lejanamente posible

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