Ema Popova

Ema Popova

Estabas parada del otro lado del salón;

con aire de Nina Dobrev en My daughter’s secret

alumbrándolo todo con tus enormes

faros de metal entre las pestañas de encaje,

que como la procesión geográfica de los Balcanes

se separan para dividir las cuencas del Danubio

dos mares de ojos dorados que encierran lobos siberianos hambrientos

 

el vistazo desaguado del Rumano no es lo mismo,

la mirada búlgara se asoma entre el Mármara y mar negro

con un cuello largo de jirafa desdoblado que sobre pasa el Yumkusal

para respirar la incinerada plata roja que cuelga de la intemperie;

polvo de la sangre hecho trabazón de arcilla libre en la Europa occidental

de la memoria de la guerra Otomana y las guerras mundiales,

que estiran sus alas al viento; pájaros carmín que evidencian la muerte viva;

y en las autopistas de cristal de encino miran hacia abajo

y desde la epidermis de los Edificios de Sofia, y una vez respirada vuelve

y así eternamente…

 

y sus mujeres, que parecen haber sobrevivido

a todas las calamidades y emerger de cualquier incendio en licor de mastika.,

Las sórdidas miras turcas o rusas

y sus martillos amarillos colgando de la entrepierna

que en su saqueo horadante de rapiña

tratan de repatriar hasta el celaje de los bosques,

la argamasa de los besos y el pan secreto bajo las uñas.

Y los Otomanos, que todo lo desarreglan

con sus manos piro maniacas, con su frenética bestia entre los dientes,

con su hambre de verterlo todo en sus rodillas contra el piso,

ese estúpido afán de pretender tener al único dios de tu lado

Hoy retornan los expresos de media noche,

cargados de hachís y soldados romanos desterrados,

hasta Costa Rica, hasta Buenos Aires, hasta Tokio;

las flores de occidente evolucionaron haciendo de un Napoleón un héroe,

sus bustos con textura aristotélica y carne de hormigón rebajado pero en el relleno aire;

se detienen de las plazas como cristos convirtiendo parques en cementerios,

y los camiones chatos de esos que saquearon rusos exiliados

de un Chernóbil que se desfiguraba recetado con cucharaditas de apocalipsis

ahora transitan por los callejones de Europa,

con los últimos fantasmas marxistas sentados con sus iPods

y su romántico peinado de mineros polacos jugando candy crush

alineando frutas y sonriendo por toda Stalinandia desde la ventanilla de sus moviles;

el comunismo es un piso de Dante que afortunadamente

ha menguado sus llamas al grado de aparecer en museos solamente.

 

 

Y los proyectiles nucleares, que han sido rodeados por los brazos de la hierba;

ese amamanto de la naturaleza con su sabiduría involuntaria,

y unos tracios y unos macedonios que se han difuminado en el mar negro,

y unos bizantinos con su arte de latón en movimiento

en la punta de un vidrio fosilizado que algún día pisó Fippopólilla;

hoy dejan el vitral por el espejo para perderse en sí mismos

después de zigzaguear las fronteras con sus labios

como un varón viajando por las reservas agrestes de su mujer

hoy comen en Mc Donalds y visten con DKNY Jeans

 

perdón Ema por mi revoloteo de tarabilla, volvamos al tema,

sabes que soy un hombre que pasa de un tema al otro

con la facilidad de un barbero de Brooklyn.

 

 

Te vi de lejos en el apartamento en tu cumpleaños veintitantos.

Para cruzar la fiesta tuve que sortear a miles de coreanos en el viaje

gritándome sus graznantes nombres al oído como ambulancias cilíndricas,

huyendo de una charla de Jacques Chirac

en medio de algunos franceses reaccionarios en el balcón

 

al llegar a ti abriste esos escarpelos de viento

alargando las pupilas a mis ojos, cerrando el callejón entre ambos

desnudándonos en la adolescencia de las palabras en la piel blanda.

 

Mastiqué algo en inglés y me respondiste en un español suave

un español entre una especie de fárfara cirílica

con bordes disimulados mexicanos que llevan el palpito azteca en el ritmo

y su lacónica bóveda de regionalismos en nuestros diafragmas.

Tu español tan puro e ingenuo pero con el color del pelo del mar negro.

 

Hablamos del clima en Sofía y del ambiente político en México.

Sabes cuánto detesto la política Ema; soy un ambidiestro de izquierda que reclama con la derecha.

Pero también hablamos de Hristo Stoichkov y el mundial del 94´

de la sierra tarahumara, de tus similitudes griegas, de la guerra de Croacia.

Momentos después un alemán se acercó

con aire de Tom Hiddleston y corbata inglesa

a tratar de seducirte y hacerme a un lado con su español desvencijado

entonces con mi pulida discrepada de eufemismos

le dije con un perro en la boca;

 

-esta es una charla de latinos-,

y me contestó; -pero ella no lo es.

Respondí; -ni tu tampoco cabrón.

Dije soltando mi mirada de minorista temerario de Tepito

entre un mar de discos piratas de Juan Gabriel y Rocío Durcal,

contra un embutido cuerpo de guapos granaderos con sotana y palos.

 

Al deshacernos de el brindamos con vino blanco en la cocina,

la deuda de los penales en el universitario de Monterrey del 86´estaba saldada.

Mientras tanto los coreanos se perdían en los tragaluces de sus teléfonos.

Al salir de la fiesta caminamos varias manzanas buscando bares irlandeses,

en un pub me negaron la entrada por ser latino

y venir con una cuadrilla de brasileños negros a nuestras espaldas,

no recuerdo mucho a esos negros de Curitiba

pero bebían tanto como yo y eso me gustaba.

Traté de enojarme en ingles pero no me salió una consonante;

es difícil concebir en otro idioma siendo un poeta y siendo enojado.

De ahí caminamos a un bar puertorriqueño,

pedí de inmediato un par de pintas de güines negra

y al llegar a ti te sorprendí bailando,

giraste tomaste la cerveza, bajamos a la zona dominicana en el sótano

y el merengue me llevó hasta tu boca como el transpiro de un agujero negro,

y no paramos de besarnos entre los latinos europeos

que se mueven como perros siendo alimentados por garroteros afuera de restaurantes.

 

Bailamos hasta entrada la madrugada

al salir tu amiga Cilvi se trastabillaba de borracha

mis amigos se habían ido, caminamos hasta tu casa y te dejé muy cerca

al besarte para despedirte un knaker me golpeó tímidamente con el hombro

volteé molesto y me pediste que me tranquilizara

el sujeto siguió su camino como un walker descerebrado;

México es peligroso y la gente bebe mucho, pero se cómo reaccionan los borrachos

mas no se la regla de tres de cuatro del europeo heroinómano

si su lagrima es de risa o de susto, o si se saca la verga para orinar o traspasar

 

en aquellos días yo amaba a una mujer mexicana,

pero no pude dejar de sentir la pulsión del quebranto

redondo del que desfigura labio a labio entre palabras saliva y besos,

y la caricia como ruda amenaza de un golpe difuminado

del otro lado del mundo

 

durábamos horas desde aquella pequeña ventana del D8,

barrio suburbial de trabajadores de la cerveza y los trenes;

-Yo vengo de un barrio de trenes-, te decía

bebiendo mucho vino y resguardándonos de un invierno degenerado,

yo hablaba de la boda de mi amigo Camacho en Culiacán Sinaloa donde asistí,

y tu me contabas del bar al final de la calle Vasil Levski propiedad de tu madre

y tu padre: aquel hombre duro y brillante que le faltaban palabras de amor

en la bocina del teléfono, porque el varón búlgaro es un tipo duro,

casi tanto como el de Culiacán Sinaloa

 

y así es como vuelan juntos el urogallo y el quetzal

dando un tumbo de aliento antagónico en la tierra

en el unísono del ala despegan y la distinta pluma del mismo pelaje se sumerge en la brisa

reconociendo el viento como uno mismo

y las fronteras son de aire

como la vida, como el odio, como la canción,

y Esperanza Spalding prolonga su susurro de trombones

y nuestra desnudez se junta y los continentes retornan a su sitio

en la noche inmersa de pisadas de piedra

abordo del barco Vikingo que algunos llaman Irlanda

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s