II

¡Caballos salvajes no nos los arrancarán!

se trata de un problema de rodilla arqueada

entrando por el sexo del océano

hasta exprimirlo como a un trapo,

después levanto la vista

y veo los ojos que decían o no decían las palabras

de la voz que el oyó que decía:

si uno no muriera

I

I

me miró en varias caligrafías

todas opuestas,

gordas de velo se arroparon sus ojos,

el ataúd se zambulló

se irguieron cuatro patas,

un asno gritó su pedigrí al viento

la muerte, con sus manos en el arpa

desdoblando sus dedos jugosos

despareciendo de la vista

me está doliendo el cuello

de tanto voltear a verte