La jardín de Versalles

La jardín de Versalles

 

Cuando te estacionabas afuera de tu puerta

en la jardín de Versalles,

 

el escudriño de alas nos doblegaba con palomos,

que ponían sus plumas en nuestros rostros

para contagiarnos de viento,

 

tu padre espiaba regando sus girasoles

a través de su largo bigote

cuando tu escote se deslizaba

con el rosar de unos dedos

llenos de sabia y aliñas tus pechos,

 

el cableado y sus aguijones se enredaba

con tus risos,

y mis uñas te encontraban

deambulando en tu coche

la colecta de los gatos del barrio

echaba sus franelas

chamarileras al pavimento,

se tiraban a broncearse con la lluvia,

a vernos rociar con dientes la carne

 

y así llegaban los policías a limpiar el paño

del coche y vernos adentro

 

mientras los gallos cancionaban

alumbrándose con gargajos de faros de vehículos

 

el sufrir del placer nos sobraba en las arterias,

 

a los veinte años todo es de tres colores,

y el rincón de mis hombrezuelos

y la demencia algebraica de tu madre

se estrechaban como árbol que enferma

con la voz entre cortada de los besos

que se enfundan en otros besos

y así el amor, y los celos y la desnudez

hasta el fin del eterno brazo que te circula

y termina en la calle canarias

a unos centímetros de mi justo ahora

que te rememoro en braille

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