Navidad y Magda

navidad y magda

Son las diez de la noche, abro una cerveza, nadie me quiere en la cocina, hay exceso de cocineros actualmente, y justo van llegando el tío Pedro y el tío Ramón y la tía Carlota de Morelia, es navidad, todos traen platillos fabulosos que colocan al centro de la mesa rectangular del comedor: hay romeritos con guacamole, chiles en nogada, pipián, pollo con mole, tapioca, arroz con leche, el olor es increíble, es una rara mezcla de ciruela pasa y whisky. Las navidades en casa de mi tía siempre reúnen como entre treinta y cuarenta personas, el invierno se vuelve fervor, a las ventanas les nace paño salado que escurre, nunca cabemos realmente, y yo me sigo preguntando ¿porque seguimos festejando la noche buena en casa de la tía Cuca? y peor aún ¿porque sigo viniendo a Guadalajara?

A mí ni siquiera me gusta Guadalajara, cada año el tío Ramón empieza a joder al América con su Guadalajara, y el tío Chano a la una y media, recordará el último título del atlas hace 60 años. Y mi abuelo, sacará sus guantes firmados por el “tubo” Gómez y repetirá de memoria la alineación del campeonísimo, empezará por el “Bigotón” Jasso, “La Pina” Arellano, “Chava” Reyes y se le vendrá un rubor en el rostro de orgullo. El descontento de mi padre y mi hermano este año será evidente, el América va casi invicto y Chivas rumbo a la primera “A”.

Es imposible permanecer en esta casa tan pequeña, las celebraciones son tumultuosas, uno adopta un metro cuadrado donde no debe moverse, y si tiene que hacer un corto recorrido por ejemplo ir al baño, debe cruzar una multitud, así ustedes se darán cuenta, que a las doce de la noche es decir, a la hora de los abrazos hay un bailoteo imposible de ejercer en la pista, es una locura.

Justo ahora juego ajedrez con “Tabo”, dos años menor que yo, nos vemos una vez al año, y jugamos dos o tres veces durante la noche, el año pasado lo aniquilé tremendamente con mi fila falsa de torres en dos ocasiones, su enroque fue de goma, estaba desconcentrado creo, aunque es justo, porque desde hace tres años solo me despeluca, y al final hacia su gracioso baile de la macarena mientras gesticulaba sacando la lengua, es un imbécil muy divertido, lo quiero al pendejo.

Por lo general bebemos cerveza, pero el tío Raúl siempre llega con un par de cajas de horrorosa sidra que le regalan en la universidad de Xalapa donde da clases de sociología, es comunista, estuvo preso unos meses en Lecumberri, en los años de Díaz Ordaz, y en ciertas horas de la noche, solo lo oímos hablar todos los años del materialismo dialectico y de Marx y de Hegel o de los camaradas rusos. Justo ahora habla de la falsa izquierda mexicana y del reaccionísmo burgués y el falso papa, entonces todos los años le gasto la misma broma diciéndole., Tío, hablas de la izquierda pero también la derecha es necesaria, ¿sino como tomarás ambos pechos de una mujer con ambas manos? Por supuesto todos ríen, y el aún me sigue frotando el pelo como si yo fuera un chiquillo.

De fondo suena la sonora dinamita y mi hermano saca a bailar a la abuela, todo es risas y rostros generosos. Los niños corren rompiendo aquí algo y allá lo otro. Y entonces pasa, el por qué año con año vengo a esta ciudad espejeada y ordinaria, pasa que Magda mi prima cruza la puerta, con su estúpido marido que fabrica bolsas de súper mercado.

Magda, aún sigue teniendo ese hermoso pelo largo, que en mi mente siempre llega a las rodillas desde niño, como cuando nos besábamos escondidos en el closet de mi abuela en la Roma de la ciudad de México, y entonces yo salía a recorrer los pasillos del edificio gritando: ¡Me ha besado una bruja! Para después correr detrás de ella, coger su pelo y llenarle de saliva la cara, y ella jugaba a que le disgustaba, y entonces corría detrás de mí para darme un bofetón, golpeaba duro, ¡que hermosos tiempos! O como cuando se cayó de la bicicleta y yo subí por alcohol para curarle las rodillas, así que tuve que levantar un poco su falda para conocer por accidente sus muslos y los detalles que esculpen a las niñas, mientras ella me acariciaba la cara con sus dos pequeñas manos, eso fue desde niños y hasta durante años fue nuestro secreto. Hasta la navidad de 1995, cuando al verla bajar de la camioneta de sus papás la llevé a la tienda y me arrojé a su boca como un toro saliendo de los toriles drogado ¡la extrañé tanto! y ella correspondió con ambas manos en mi cara y con los ojos cerrados, pero curiosamente su madre andaba por ahí, porque olvidó encargarnos unas coca colas y nos vio palpitando en una sola boca con mis manos alrededor de su vestido. El precio de que la tía María, su madre, no dijera nada, era que Magda y yo ya no nos volviéramos ver. Pero ahí estaba Magda, después de navidades de ausencia, detenida, un poco subida de peso según unas fotos que vi hace un par de años, pero con sus ojos que todo lo alumbran, hermosa, su cabello rociaba sus hombros y al sonreír lo agitaba un poco como en un ligero espasmo nervioso como de cuando niños, pero con su marido que fabrica bolsas para súper mercado sonriendo y saludando a todos el hijo de su pinche madre, ¡jaque! Dice el “Tabo” mientras empieza a bailar la macarena lentamente el muy pendejo.

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