ahora que nos hemos largado

ahora que nos hemos largado

ahora que nos hemos largado,

las manchas de la hierba ya no tatúan nuestra ropa

ahora nos besaremos en silencio solos

detrás de nuestros propios dientes

frente a las luces rojas de los semáforos,

o junto a las cruces de las carreteras

o cuando nos detengamos frente al mar

a asomar tímidamente el llanto

dándole la espalda al mundo

cuando nadie nos mire

 

imagen tomada del sitio http://www.artedigitalhoy.com

Donde arrancamos las rosas para nuestras mujeres

Donde arrancamos las rosas para nuestras mujeres

Los entresijos dulces regados en los parques

de los ladridos de los damos en estampida,

y su retorno por el resorte de los carmines

a las manos buceando debajo de los corpiños

buscando naufragios de medusas palpitantes,

y el pelo por todos los sitios la mujer es generosa:

se desmenuza para que la música de la testosterona

la haga bailar y sonreír.

Los besos se rechinan en las ventanas del pasto

donde arrancamos las rosas para nuestras mujeres

esos actos que los hombres no concebimos,

el hecho de tragarnos el aguijón de los aviones

dudando a qué hora bajó el verde a las hojas

y podar un bosque para ver brillar a la muchacha,

para ver madurar a la muchacha dentro nuestro

El desencuentro

el desencuentro

Un desencuentro de nuestros labios,

un milímetro año luz de tus rodillas,

y del hormigón nació una grieta

y la grieta se hizo rio, y el rio mar

y el mar horizonte                        

 

y nuestros barcos

cayeron al piso como arboles

junto a los pies del atlas,

y me veo flotando en la espuma

del agua

manoseando las nubes

para formar tu rostro,

y llevarte de suvenir al infierno.

Mariposas con rabia y aguijones

Mariposas con rabia y aguijones

En el túnel de un invierno sobre ruedas,

circo de actores glaciales en las calles,

en la esquina ahora distingo tu rostro

 

bajo las portillas abiertas

de una lluvia eterna que perfora nuestros cráneos

la espuma empapa nuestros zapatos

se aglomeran los vagabundos y tú sonríes,

 

después vamos a mi casa

 

y veo tu corpiño casi adherido a tus pechos,                                  

me entregas la boca cerrada y yo la divido

tus ojos se mezclan con lo negro de los míos

y un mundo de cabello nos cubre,

tu dedo que todo lo nombra

rodea mi espalda y la inventa de nuevo

 

se confunden los calores de la chimenea,

no se si es el fuego o es tu piel

la que enciende las bujías de mi pecho

 

lejos del sillón para leer y el pueblo de papá

la televisión de paga, la alfombra fresca,

pero también lejos de la maraña de miseria

escondida detrás de las calles de Palestina o Ciudad Juárez,

un ladrido de hierba en las alturas

las gaviotas nos circulan              

hay que alejar la playa a empujones

 

el tronido del mar a unos metros

es del mismo graznido de nuestros besos

quizá del mismo material

 

y mis dedos escondidos en tus concavidades

espantan tus mariposas y a espasmos escapan,

mariposas que muerden perros en las aceras,

mariposas con rabia y aguijones

 

Doña Antonia de Zarate

Doña Antonia de Zarate

Todas las tardes iba a la galería

recorriendo seis cuadras de lluvia

a ver a doña Antonia de Zarate.

Con sus ojos de tablado negro,

y lingote de argamasa en picada,

sus ojos, dos noches corrugadas en la mancha

del lince heraldo

 

al fondo de tu pintura,

un tapiz de oro pisando la bóveda del pan y del agua

de los herejes y los pobres

para evitar la mano del viento

acariciar sus alas de harapos,

y ahogar la ulcera grabada en la sombra de la libertad

y al cuadripléjico alfil en el gambito de izquierda,

 

¡Libertad!

Apócrifa esdrújula alargada como vientre de cerdo,

pupila clavada en el filoso río.

 

Antonia vestida de tonos mediterráneos, y abrigada con hielo negro

sus labios son puntas de caricias que aplauden al hablar

beso involuntario hasta al maldecir

y su pelo,

rocío de sangre azabache cocido con óleo,

fango y berilio a fuego bajo,

franelas de universo mal lavadas en los hombros

que limpian su rostro de lagrimas

o lo esconden

 

Antonia, tus visitantes son

rascacielos ordenados como ataúdes,

empleados del mes desfigurados,

gafetes, corbatas y ventanas de celulares,

de tristeza redonda y nutrida

ingenuos como el mejor de los cadáveres

 

solo yo te amo en secreto

 

Antonia de Zarate,

luego salen tus visitantes a deambular las aceras,

mira a los dublineses en tontas bicicletas

surgir de las cavernas del frio y el guijarro,

perderse en el horizonte

hasta que la cerveza

les cubre los parpados

y mueren.

Los cansinistreros

Los cansinistreros
Pero acércate hasta parir una sombra conjunta,
juntemos los continentes con tu hilo de algodón de azúcar
hasta sembrar un vibrar de verde en mi mirada
y yo rodearte con el negro de mis ojos
y el brazo de mi boca

somos los cansinistreros,
filibusteros con barcos invisibles a los radares
rosando nuestra piel bajo la mesa del agua,
como dos críos frente a tu padre

somos digamos de Cansinia
país de molde craquelado y apartado de la prensa
empeñamos nuestras armas de cartón
para comprar desnudez y saliva y uñas

nos teñimos de un sorbo de anís y decimos resaca,
tragamos brisa de sudor y decimos playa
cerramos esas puertas de espejos que me imitan los ojos.

Cosecha un cuervo en mis manos
para devolverte los célibes dardos corrompidos
y los dientes de una llave atascada en el himen de tu alma

los cansinistreros usamos camisa de fuerza de manga corta
más arráncame cualquier memoria de trapo, venda, bandera u oleo

cocinemos el germen para pastar palomas
antes de que el relojero calibre
la bomba de tiempo,
y todo sea estornudo de volcán
fuera de nuestra patria