La fractura del beso

La fractura del beso
Quiero husmearte por ultimo con las fosas de la palabra,
la única patria bíblica con la que lapido,
el único colmillo de llave plegadizo
para abrir las puertas dibujadas en el aire

sin vuelta, para un segundo el amor y se desmigaja
a cantaros como la isla de un hielo nadando en un caldo de vidrios

lo que no alcancé a detallar con la saliva
la gama de oscuros inéditos en los pliegues huérfanos
el poro quedado en el desfile a la altura de la rabadilla

quisiera por último recordarte después de la estufa
y poner tu corazón en mi cara y cantar a coro con el latido
debajo de una máscara de lluvia roja,
dar por cerradas las concavidades
entregar las cerraduras, los pezones, los nudillos
y vuelta sin detenerme si quiera en el reojo del invidente
como un gato con tortícolis aguda cojeando de frente bajo el agua

en mis uñas tus sirenas esclavas de un calvario elíptico,
hasta el espejo entrometido de mi sombra me ha dejado,
estoy lejos desde que tus brazos se alargan a leguas
y ya no reúno el visado para nadar por sus autopistas

ya las alas de los colibríes son escantillones
para esculpir aerolitos,
las palomas mensajeras que te he enviado
han vuelto deshonradas con facturas en las patas

luego, amanecen los vampiros desdentados
sonriéndole al sol y las medusas nos miran
a los ojos llenando de cimientos nuestros muslos,

somos los hombres con la misma mujer en el sillón.,
es la señora nada

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