Acaban de pasar los últimos trenes

A mi querida abuela Irene Dávila, mujer de 97 años
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Acaban de pasar los últimos trenes
Acaban de pasar los últimos trenes,
las carretas de latón golpean los martillos
en la travesía al campo rojo agarrotado en el alambre

el apetito es un venado,
que cuando deja sus huellas en Opal
suelta su sangre al polvo y al aire
hace apenas cinco minutos
para las siempre

el segundero se ha congelado,
y una foto sepia abrió los dientes
y se ha tragado una aldea

no hace falta arqueología,
los cadáveres están en todos lados.

El vapor deja una cicatriz alarmante en el cielo
y un graznido que ha espantado a los perros
de la tarde

la despedida de los enamorados
ya no será desde los trenes
los pañuelos hoy enfundan almohadas
y computadoras

Opal y sus vías de acero fermentado,
con un traje de verde oxido y hiervas
que crecen en el aire de entre los escalones
de madera que los unen al cielo

cenizas de tabaco y arena un muerto olvidado,
la plata se ha extinguido en Zacatecas
y hoy todo es dedo de fantasma
señalando las profundidades
de las minas apiladas en los huecos
rellenos de aire

Zacatecas ciudad esdrújula
tradición de guerra y jinetes
con frio de doble filo y enjarre verde
de capa de santo de pueblo

en el figón de tu corazón
duerme un chichimeca arrodillado
con un arco y una flecha
en cada mano,
con los parpados bien cerrados
para evitar la entrada del tiempo

veo tus ojos
y escucho los trenes de Opal
en un mundo aparte
en un nudo de desiertos con cimientos
de limbo

con los pies desnudos
el sudor de los niños olvidados al sol,
los violines desafinados en las cantinas
el cuajo de metal en los dientes de los ancianos,
y la tierra, siempre tierra, siempre sed entre los parpados,
siempre rimando con el hambre, y los desiertos
y su golpe de arena en el rostro,
siempre arena robusta
siempre palos de roca diminuta

aunque ocasionalmente, como un trébol de dos hojas,
un corto falo de agua
la penetra y permanece un nudo
de cuerdas humanas

lo suficiente para parir las plumas
y la dieta de los zopilotes en los
esqueléticos jardines
de dunas eternas.

Pueblo entre la jungla de marte
porque el desierto también es naturaleza,
la nada es una sombra desdentada en un hueco,
un trozo de saliva ajena en la vulva

¿que llorar si ya todo sequia?
¿el calor, la muerte, los besos?.
También eso es agua.

Solo había dos libros en opal
uno fue la biblia desde luego,
el otro don quijote de la mancha
pero en opal los molinos son de tierra
y las aspas se han tragado
a los héroes con sus giros

en opal
solo hay dos piernas largas de metal
y un tren que las violaba dos veces al día,

los claveles a la entrada del cristo en la capilla
el sol los mordió hasta las espinas

y afuera los huizaches están amarrados
a los caballos mientras los jinetes
entran y posan en la estantería
de la cantina

hombres nerviosos de duro
hormigueo con vinagre en el cuerpo,
se quedan inmóviles
sosteniendo los vasos,
una mirada errónea
y una bala emerge de entre
el piso de brasas

pero Irene,
con un maniquí detrás de los ojos
y un par de correas paseando a sus perros

la capital de este minúsculo país,
una mínima rebanada de tabique
con duras faldas eclesiásticas,

el campo y su trago amargo de sequía,

el cielo esta tan limpio,
sabanas azules de seda pastel
se tendieron por los aires
y se extendieron de horizonte
a horizonte cubriéndolo todo

los suplementos dominicales
la risa, el pecado, la tuerca,
el plato de frijol con tortilla
y el olor a fogata de los fantasmas en los bosques

la enorme migaja en efervescencia del porfiriato
aun hoy son trozos de incomible pan entero
rellenos de lagañas repartidos de Chetumal a
Tijuana y de Nayarit a Veracruz

los hombres con sombrero
de fuerte olor a aguardiente y hierva
sueltan su mirada triste por la tarde

Irene tu lo viste todo
pero no observaste nada,
las grandes guerras
pasaron frente a tus ojos
de océano gris,

tus ojos de noche,
los mismos ojos de magdalena,

viste por ejemplo recorrer
tangencialmente el ejercito en el rio
buscando cristeros

el cristero detrás de las yuntas
y los burros y los huizaches
que enmarañan la vereda,
un semigaucho con un arma sujeta
entre pierna y cinturón

y en el pecho un Cristo empañado
desteñido por la sangre de otros,
por el dios del contario

olvidó que el soldado federal
en silencio también le va a Cristo

Irene

tus manos tan llenas de trabajo
manos duras con callos de metal,
manos recias que detienen tigres,
tormentas, incendios, manos duras
que no acarician sin herir.

De repente se acumulan los hombres
y todo es un tapiz de bigotes
largos en la plaza,
todo es un mosquete de ojos desde el aire

y el licor, nunca puede faltar el licor,
fluye como rio entre las arterias de la pequeña plazuela
por qué bajo este sol todos son negros
pero tú no Irene,
tu eres blanca y tienes quince años,
tu piel es de cebada mezclada
con girasol y centeno

los hombres te voltean a ver cuando pasas
tu vestido blanco es la cortina de la tarde

Irene, Irene blanca, miro la foto
donde tienes diez y seis
y ya eres una anciana,

aun escucho tus cantos españoles
a la hora de los frijoles pálidos

esos cantos que remiten a toreros,
a pueblos de la guerra civil española,

miro tu estuche de vidrio con dulces amargos,
veo tus damas chinas de la época
de Confucio, de la muralla China

tu a mi edad tenias
el olor a puerco carbonizado en la estufa,
los trucos de galeno a muchos problemas médicos,
el llanto de las plañideras
y las parteras arrebatando
a las madres de las bases
de los pirules los hijos

algunas leyes inscritas al reverso de las pistolas
y los machetes gobernaban

Y el vado de las sombras.

Eres contemporánea de Hitler
de Carlota y André Breton,

de Dali, de Gandi, eres contemporánea
de Napoleon de Moctezuma,

tu viste el último clavo de cristo
saltar de la cruz, tú lo pusiste
de vuelta entre su mano y la madera,
sabías que tenía que ser así

tu lloraste con magdalena,
tu elaboraste los misterios dolosos,

tu viste nublar el último aliento
de las tropas villistas
porque somos villistas hasta la fecha

tus ojos y los míos son del mismo material,
estamos unidos por la misma mirada,
la misma materia de mar y trozos de infinito
por eso te quiero en silencio,
porque te miro desde dentro

hoy Opal tiene 259 habitantes
no hay registros fidedignos en los libros de historia,
posiblemente mañana se erosionaran las ultimas vías.

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2 pensamientos en “Acaban de pasar los últimos trenes

  1. …no sé si me gusta.
    Como ese tren en cuya vía, algunas traviesas corroídas por la avaricia, dejan un hueco que posiblemente le haga descarrilar, tiene miedo… ¡Yo también!
    Te invito a que leas a Ana Ramos. A ella la sigo porque la conozco, a ti aún no te conozco, pero creo que tienes la mente abierta y los ojos cerrados, con los que sueñas. ¡Siempre es bonito soñar!

    • Honestamente no me interesan tus eufemismos ni tus comentarios, quédate con tu aburrida Ana Ramos, yo me quedo con Rimbaud, con Apollinaire, con Breton, con Artaud.

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