El coro de las alarmas

el coro de las alarmas
El viento silva en hierba su rocío
cuelga el sol de una rama en la luna
algunos peces pierden su último navío
por cargar un roble blanco en las espaldas

lejos de las armas
la teja ondea por los disparos
sus venas corrugadas a la vista
Jerusalén con sus aguas de arena
los barcos en la ensenada
en la isla del submarino incandescente

los chalecos soportan la pirotecnia
con su cota de malla en la bomba
del paladar de la noche

las cintas en el zapato de la hernia
de un pueblo que se hinca en su rodilla
para morder con ambos labios
los colmillos de la serpiente

ya no confundes la pelota entre las minas
el azud trasplanta la sangre de los niños
para vaciarlos en recipientes y ataúdes industriales

ya no corres descalza en la hierba con escamas
ya la navidad ya es un lince acariciable

crujiste como dedo de cera en los engranes
de la guerra y hoy,
vuelves la vista y acaricias tus pisadas como a cachorros
y el vendaje de tu pelo enmaraña el mediterráneo,
San Paulo, París, Guadalajara, Vancouver
Puebla, Senegal, la cocina, la pluma, la secadora,
la tuerca que une al horizonte con la tarde
y la palabra beso en diez y seis idiomas

el perro de la tarde bucea en el charco,
más bien océano

y se deben afilar muy bien las uñas
se debe amarrar el bisturí a los dientes

con dedos de saliva coger muy rápido los besos
y mandarlos a bolsillos escondidos,
las medias o la axila,
el páncreas, el núcleo en las antenas
del clítoris

luego volver a la línea de gaza
y seguir manoteando cuchillos
en el aire

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