La herida aún abierta de tu gran cortada femenina

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La herida aún abierta de tu gran cortada femenina

Desde tu ventana al interior de tu cuarto
se mira que han nacido tuberosas secas
encendidas con antorchas
dejando humareda en torre de caracol
hasta el techo

yo subo la enramada
y miro por el diáfano azulado
que cubre tu cuarto,
una maqueta de cielo aprisionado

rompo el vidrio
con un puñado de dientes en mi mano
y miro que cada mueble de tu cuarto
es una bestia que hiberna

tu dormitas a pesar de los zumbidos
del abdomen enardecido de las colmenas

tu reposas a pesar del estruendo
equivalente a seis ataques
con afiladas bombas indivisibles

puedo ver desde el aposento el estruendo
lacónico de tu perro de alambre
amputado de un testículo
ladrando hasta volverse calvo
de rabia

giras de golpe
y miro a la sabana agitarse como bandera militar,
y la cara de un labio desfigurado
en la portada de una rodilla desnuda

la baba púrpura que corre
por los arroyos de tus sabanas
que es chorreo de tu cabello
desquiciante por los mundos

como una nube de noche
que se traga al espacio
a mordidas

miro como dócilmente
tus manos untan maquillaje
en la herida aún abierta
de tu gran cortada femenina.

Y yo desde un rincón

con un paño de aliento
lleno de brisa la lengua de tu recamara

la arena que rodea a tus pezones
es una playa sin mar,
piel de diamante desmenuzada como talco

si se asolean las dunas de tus senos
moriría inquieto bajo la sombra del aire

te despierta una hormona mecánica
triturada por un bosque que aplaude
con sus ramas

para prevenir el incendio
con gasolina blanca

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Manual para agarrar a una mujer

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Manual para agarrar a una mujer
La mujer tiene ciertas agarraderas
surgidas de los criaderos de moléculas
con encorvas

las mismas células cosmogónicas
pues el redondo de los pechos
es la curva de la media luna,
el cabello de horizonte
que sostiene el océano,
la pelota en la portería contraria,
asas que van desde la memoria de los poros
hasta el cuajo en las uñas del hombre

fragmentos de verbos superlativos
conjugados con la sangre
variados con cucharadas de fuego
sin receta

hay que saber tomar a la hembra
con los dedos

hay que tomar las propias manos
y dejarlas caer con la fuerza de la bruma
en los redondos senos,
tomarlos como se empuña un rosario
ya sea para los misterios dolosos
o los gozosos

mientras la mano anti diestra
se cuela como plastilina entre la espalda,
en medio de las nalgas,
la nuca,
las vértebras de la columna,
la fuga de las azucenas,
los cabellos que rompen
con su cuerno de unicornio
las nubes en su carrera
al centro de la tierra.

Cuando eso sucede
no me gusta bajar a las ciudades
de mi mujer
ni siquiera cuando duerme
no mientras la suela
del piso camina en los zapatos
de mis dientes

y te muerdo anclando
mis colmillos en el redondo
que va de tus ojos a los tobillos

Bajo tu vestido anidaron las sombras de la ciudad

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Bajo tu vestido anidaron las sombras de la ciudad
Sales a la calle una tarde de jueves
entre el cabotaje de los corbatas flojas
sonríes y sumerges cisnes en las tarde
en las aguas que encallan en tus surcos

tu cabello se agita como mariposas con correas
un nudo pescador de nervios te oprime la clavícula
al desembelesarse de ojos

tu cabello de un negro mediterráneo
y tus ojos dos pedazos de sombra infinita

al caminar un ajetreo pasa enmaromando
las miradas como hilos de pesca

los hombres del figón colocan sus vasos
en el aire mientras te miran

el movimiento de tus piernas encajan
como alfiles de un solo golpe el gambito

miro como le robas el viento a los molinos
con tus extremidades

no hay un adoquín entero para un palomo en la plaza
y tus pisadas ocupan continentes

bajo tu vestido anidaron las sombras de la ciudad
y el palpitar del sol es insistente
y tus mejillas guardan un beso entre sus ojos
y yo lo veo parpadearme con su monóculo
de hermosas esponjas húmedas

y perderse en el vaho que emerge
del ruido de los autobuses

yo lo persigo calle adentro sacándome
el corazón con una mano y ofrecértelo
mientras mis rodillas tocan el fango
de huesos oxidados y mis pupilas
se topan de frente con el suelo
pintando de sangre tus charcos eternos
sembrados donde miras

Confundirnos con gaviotas

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confundirnos con gaviotas

Los capitanes muestran prótesis de alas rotas
para las parvadas de los barcos debilitados
cargueros con cajas rellenas de cenizas, pan de ajo y musgo

la tinta de espuma va rompiendo los tejados
y las nubes del golfo de México

bajo una falda un puño sostiene los dientes de la playa
detrás de su esqueleto hay cadáveres de turistas
apunto de disparar sus cámaras

zafo las plumas para regresarlas al viento
como a un pájaro al que le has roto la jaula

vientres del medio día provocan la llovizna
con el sudor de los parpados del mundo

no me quiero quedar dormido,
las sombras disfrazadas de negra noche blanca
naufragaran un poco más tarde
bebiendo largos vasos de arena

quiero ver salir a los peces
por la bragueta del mar
y confundirnos con gaviotas