Los fantasmas

La ciudad está llena de fantasmas,

De demonios anfibios

Que surgen de los charcos.

Se esconden bajo los adoquines

Violando a los insectos

Por los ojos.

Seres enamorados de heridas punzantes,

Que viajan en las alas de las palomas,

Y como lunas inmóviles se desgajan.

Caen como balas en los pantanos

Y despiertan del fango

Como momias

Inmortales del recuerdo.

Y así andan por las calles,

Gimiendo preguntas

Y escupiéndote a la cara

Azules cicatrices.

Mi fantasma anda por ahí

Paseando en las aceras

Con un vestido blanco

Y detalles en rojo,

Una larga cabellera purpura

Y unos hermosos labios de terciopelo.

Es un hermoso ejemplar

De hembra blanca

De piernas fuertes

De cabello azabache ondulado.

Llena de piel sonriente.

Nada más parecido a un mosaico

De hojas otoñales.

Ojos que al reír

Lubrican el viento

Como la luna que

Rocía con su polvo

La noche.

Ese es mi fantasma.

Se sienta en los cafés,

Pide un capuchino

Y al cruzar las piernas

Me clava su mirada

Como dos cuchillos inexcusables.

La veo en los cines,

Las librerías, la tapa de un Cd,

Las rimas de Apollinaire,

La ruidosa cumbia del taxista,

Los monumentos, las formas

Orgánicas de las nubes

Las rodillas del cerro del muerto.

Mi fantasma es una flor

Con pétalos de clavos

De tendencia cubista

De tal manera, que por donde la veas.

Te lastima.

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