Falo de aliento

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hay mujeres
tan hermosas
que el solo verlas
me desposan,
como un
falo de aliento
que me traspasa,
tu cuerpo me inspira
un hijo echo de vaho
que busca desesperadamente
hacerse carne,

tengo hijos en las avenidas
paralelas a la existencia,
bastardos de mi semen
des exiliados de tu vientre
¿Quiénes somos nosotros
para negarles la vida?

irreal de catorce

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Palurda de los ojos miopes
huasteca de añoranza de vivida voz.
La rúbrica del violín que nos baila,
el óxido en mis brazos de metal te lleva
por la cintura y el encaje folclórico de tu alma,
tan no se bailar que de sostenerte
entre mis dedos de jarana
mujer me enamoro.

Tu hilo del desierto en el corpiño
y el corazón bordados a tu pechos,
latiendo por mi mientras me miras,
yo también soy mexicano de lo peorcito
y predominamos.

Es irreal de catorce y la sangre Wiricuta
corre por las entrañas de la tierra,
sabios del adoquín del viento
hincados en jabardo vaticinando la nulidad,
el mundo en manos de muñones
que escarban minas en el corazón del peyote,
brote de humanos que enferman todo lo que miran,
¿Con que antibiótico nos sudará el planeta?

te miro sonreír, para la música y te beso
te cuelas luego entre un enjambre de nativos
con el rojo en el moreno de tus mejillas da un violeta
que escapa como una luciérnaga en la noche
de mis manos negras

La lucha libre, los hipnotistas y los enamorados

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Cada miércoles miro la lucha libre en la televisión
Sé que es una farsa pero igual me emociono.

Me aburro y salgo a la calle,
Los autos son un eco que me repite
Somos un gran bullicio de chatarra.

Miro los coches vacíos circular las glorietas
Miro a los enamorados caminar en pares
Cerrarse pesadamente sus ojos sin dejar de reír nunca
Siempre los miro para saber cuál de los dos
Es el espejo del contrario,
Dormitando ambos por el cansancio del mundo
Casi levitan llenos de vida,
Como abrazando la isla desierta después de un naufragio.

De niño veía a algunos hipnotistas en la televisión,
Con el chasquido de unos dedos la gente caía en trance
Bajo el poder y la voluntad del nigromante,
Ahora sé que no eran más charlatanes que la lucha libre.

También hay amores charlatanes pero yo soy un ingenuo
Miro a los enamorados andar como luchadores
En un baile de remeros sincronizados
En kayaks avanzando a los peldaños
Hipnóticos con la altivez que les da el cariño ajeno
Como sea todos avanzamos a la muerte.

Sufrimos la influencia de los espejos que voltean a vernos
A nosotros los solitarios.
Los muros de reflejo empobrecido.
Y sus dulces voces surgidas del canto de nuestras puertas
O de los únicos sitios por donde pueden colársenos,
Susurran un beso, un gemido, un rechinido de humedad.
Son los héroes que nos miran a nosotros
Montados en nuestros coches vacíos
Circundando las glorietas hasta el infinito
Muertos de envidia por no reflejar a nadie
Ni ser reflejados.

devuélveme mis ojos

devuelveme-mis-ojos
foto de Anna Arteman

Miro al cielo y un pájaro
en forma de nube se difumina
a la altura de sus alas el viento
los nudillos a su velocidad destronan
las formas de nuestros cerebros

pero abajo su gesticulación es lenta,
arriba un avión rompe la velocidad
del sonido pero abajo es una catarina
caminando por el cristal de un coche

para ti que tome tu mano
es un gesto más de cordialidad
para mí es un pájaro herido
al cual le reparo sus alas torcidas

si te miro caminar para ti
resulta una tribulación de vanidad,
para mí un venado exótico
se extingue entre los matorrales

te cambio tus ojos por los míos
para que tengas la dimensión que yo tengo,
mira la huella del escote donde
inicia el camino a tus regalos

mira la cicatriz abierta de tu boca
espolear una herida en mi pecho

mira desde mi sed el rio de tu cabello
mira mis manos con sus caricias desoladas
como lenguas de perros sin amos

mira la raíz de mi entre pierna
amenazar mis pantalones de hormigón,
mira como mis poros se alinean como escamas
para rodearte ergonómicamente,
para incrustarnos como un rompecabezas

mira como te amo
luego devuélveme mis ojos

Japón

japon
Esta mañana hojeaba un “muy interesante”
revista de sala de espera de doctores.
página treinta y dos un dato habitual:

El setenta y dos por ciento de nuestro cuerpo es agua.

Somos muñecos de charco sostenidos por cuerdas
títeres colgando de las nubes.
Nos vamos secando con cada latido.
Como medusas nos arrastramos por el asfalto hasta secarnos.

Qué porcentaje tan fiel.
entonces mi alma nada en un vaso
y mi corazón es una sirena dentro de una pecera
pero el mar no es azul, somos marea roja
circundando un esqueleto naufrago

En la siguiente página hablan de los japoneses.

Sus ojos son rasgados por que el sol destella inusualmente.

Desconozco tanto de Japón.
Seguiré desconociendo si leo “muy interesante”.
El cien por ciento de sus alrededores rodeados por agua.
En la ilustración hermosas mujeres hincadas comiendo.
Silvestres matorrales de cabello que les escurre.
Seda de un cisne detenido en una casa de papel.
Sus ojos rasgados por el dolor parecen que siempre están llorando,
análogos como pequeñas alpargatas junto a una puerta
mujeres con un llanto seco como el de los gatos.

Palpita en la sirena de mi corazón el sello rojo de su tribu,
yo también tengo los ojos rasgados.
La bandera de Japón es el núcleo de una cultura,
una vagina encendida con fuego,
la huella digital con oleo echa por el falo de buda,
rojo como el telón de la tercera llamada que se alza,
somos una civilización eterna.

Desconocemos tanto de Japón y de nuestro cuerpo,
paso a la página siguiente.